| 15 de Octubre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Joe Biden
Joe Biden

El desprecio de Joe Biden a Sánchez deja a España vendida ante Marruecos

La indiferencia de la Casa Blanca hacia la Moncloa ha alcanzado el clímax con el conflicto en Ceuta: éstas son las razones del desdén de Biden hacia Sánchez.

| Javier Rodríguez España

Marruecos está crecido. Y la clave la tiene Estados Unidos. Tras meses de elocuente silencio de la Casa Blanca, su respaldo a Rabat emite el mensaje definitivo a Moncloa: Joe Biden no ve en Pedro Sánchez un socio estratégico ni un amigo político.

El respaldo americano a Mohamed VI es, según fuentes diplomáticas consultadas por ESdiario, de un "enorme calado". Estados Unidos ha prescindido incluso del "favor" español de mantener dos bases americanas en Andalucía, cerca de la "zona cero" del conflicto político y migratorio con el vecino del sur.

"Si no eso ha importado, es que las cosas están mal, muy mal", añaden. La diplomacia estadounidense se ha pronunciado dos veces en 48 horas para hablar del problema, en ambos casos con portavoces oficiales. En la primera ocasión, lo hizo el jefe de su diplomacia, Anthony Bliken, con un comunicado destacando el papel de Marruecos y telefoneando a su homólogo alauí en pleno despliegue español en la zona de El Tarajal.

 

Y la segunda, unas horas después, a través de otro alto mando de la Casa Blanca, Jalina Porter, en una conferencia televisada el miércoles en la que tildó el ataque a la soberanía española de mero "problema migratorio" y equiparó a ambos países sin distinción de responsabilidades, instándoles a entenderse.

El lenguaje diplomático nunca es directo. Hay que leer entre líneas y saber traducir lo que hay detrás del texto literal y de los gestos. La ausencia de una simple llamada de Biden a Sánchez desde que relevó a Donald Trump ya lo dice casi todo. "Pero el posicionamiento con Marruecos ya es una posición oficial contundente", explican a este periódico fuentes conocedoras del lenguaje de Washington.

A nadie le gusta un Gobierno con comunistas. Y Marruecos tiene algo que España no puede ofrecer a la Casa Blanca

Hay algo meramente político en esa desconfianza que Biden comparte con buena parte de Europa, aunque nadie lo diga abiertamente: "No gusta y no despierta confianza que España sea el único país occidental del mundo con comunistas y populistas en el Gobierno", aseguran en referencia a Podemos.

Incluso hay quien dice que la salida de Pablo Iglesias obedece a ese recelo internacional, agravado por el extravagante respaldo del expresidente Zapatero a la Venezuela de Maduro. Ni siquiera el esfuerzo de Felipe González o José María Aznar por dar otra imagen de España en sus frecuentes contactos internacionales compensa la pesada carga de tener al frente del país a un Gobierno "sospechoso" por sus dependencias de partidos antisistema o separatistas.

Pero hay algo más, que explica el desafío de Marruecos a España e incluso a Europa: el intercambio entre Rabat y Washington de dos poderosos asuntos es la clave de todo. Mohamed VI quiere la soberanía del Sáhara, sin referéndum e incluyendo la porción cedida en tiempos por España a Mauritania, donde quiere poner un gran puerto estratégico.

Mirando a Israel, con ministra "española"

Y Biden ha cedido, siguiendo la estela de Trump y saltándose la posición oficial de Naciones Unidas o Europa, partidarias a lo sumo de celebrar una consulta; nunca de ceder directamente ante Rabat. Y a cambio, Marruecos se ha convertido en el gran embajador árabe para ayudar a Israel, un asunto clave en América.

La penetración marroquí es Tel Aviv es inmensa, con diez de los 36 ministros del gabinete de Netanyahu con raíces alauitas tan profundas, por cierto, como la de la titular de Cultura y antes de Trasnporte, Miri Regev, una exmilitar de madre española y padre marroquí.

Ese "pasillo político" que Rabat crea en el mundo árabe en beneficio de los intereses americanos, pese al posicionamiento oficial de Marruecos en apoyo a Palestina, da la puntilla final a Sánchez: a Biden no le gustan los socialistas -"Yo soy el tipo que los persigue", dijo en la campaña electoral-; pero además España tiene mucho menos que ofrecerle que Mohamed VI, más influyente que nunca.