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Susana pone patas arriba la política nacional y las agendas de Rivera y Casado

El adelanto electoral en Andalucía ha obligado al PP a retrasar su Convención hasta enero, entre otras cosas. Los partidos hacen sus cuentas, con Podemos en la posición más débil.

Susana Díaz durante un acto del PSOE de Andalucía.

Publicado por
Charo Zarzalejos

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No por esperada ha dejado de causar impacto. La decisión de Susana Díaz de convocar elecciones para el próximo día 2 de diciembre ha alterado las agendas y actitudes de los partidos políticos. No en vano, es en Andalucía en donde se abre la veda electoral que culminará, a más tardar, en el plazo aproximado de un año.

Será entonces, dentro de un año, cuando todos los españoles seamos convocados a las urnas por el presidente del Gobierno. No está en las agendas inmediatas, pero en los despachos de los cuarteles generales de las formaciones políticas no descartan elecciones catalanas antes de que se conozcan las sentencias sobre el procés.

Las elecciones andaluzas eran esperadas y contempladas como seguras por el propio PSOE. Asegura Susana Díaz que la primera persona en saber su decisión ha sido el presidente del Gobierno. Afirma que sus relaciones son “fluidas”. El buen ambiente que pretende generar la presidenta de la Junta de Andalucía no se corresponde a la realidad profunda. La herida por las durísimas primarias y sobre todo por los antecedentes de las mismas no han acabado de curarse. Susana Díaz ha mantenido un escrupuloso silencio que algunos interpretan como “una elegante distancia”.

Tanto en Ferraz como en La Moncloa no han pasado desapercibidos algunos recados. Díaz aseguró en su comparecencia que sin Presupuestos no se puede gobernar y que quiere para Andalucía la estabilidad que no hay en España. ¿A quién o qué se refería? Desde el socialismo andaluz no se quiere entrar en debates, pero sí se ha deslizado un desvaído “quien lo quiera entender, que lo entienda”.

Por mucho que Susana Díaz se esfuerce por mantener el acento andaluz, será complicado

Los esfuerzos de Díaz para que las elecciones del 2 de diciembre tengan “acento andaluz” van a ser esfuerzos baldíos. En realidad, Andalucía se va a convertir en todo un laboratorio, en un ensayo general de las citas electorales que están por llegar.

Todavía no está decidida la agenda socialista, pero ya se ha indicado desde Ferraz que “la dirección federal irá todo lo que crea conveniente, incluido el presidente del Gobierno”. Lo que no está tan claro es que los barones vayan a implicarse más allá de lo que estrictamente se les pida. Los socialistas andaluces “daremos la bienvenida a quien quiera venir, pero, vamos, que nosotros nos las arreglamos”. De entrada, el Consejo de Ministros se reunirá en la capital hispalense el próximo día 23.

Ciudadanos es el partido que más prisa se ha dado. Ya tiene elaborado el vídeo de campaña, uno de ellos, en el que se alienta al cambio. Para conseguirlo no van a medir esfuerzos. Rivera y Arrimadas compartirán con Juan Marín el peso de la campaña. Saben en Ciudadanos que en ningún caso van a ser la primera fuerza. Su gran éxito sería dar el sorpasso al PP “y eso lo podemos lograr”, aseguran.

Con encuestas muy favorables, los de Rivera tienen una complicada campaña: deben vender al mismo tiempo lo útil de su apoyo a Susana Díaz y al mismo tiempo denunciar “la corrupción que le rodea”. Saben que sus adversarios van a hacer hincapié en esta aparente contradicción, de ahí que Rivera vaya dispuesto a lanzar un discurso de futuro con el que tratar de tapar su escaso pasado político en Andalucía. Saben en Cs que su posición respecto al conflicto catalán es una buena entrada en Andalucía y el asunto estará presente en la campaña.

El secretario general del PP, Teodoro García Escudero, ya ha anunciado sin disimulo que la dirección nacional, así como cargos orgánicos y electos, se van a volcar con Andalucía. Será la primera prueba para Pablo Casado. En Génova descartan de manera absoluta el sorpasso de Ciudadanos, aunque sí les atribuyen una mejora “sustancial” de resultados.

El PP quiere medir su discurso. Sabe que sin Ciudadanos, en ningún caso, sumarían mayoría suficiente, pero al mismo tiempo Casado no puede renunciar a la llamada al voto útil ni dejar de recordar que Cs ha contribuido a lo 40 años de socialismo. Ocurre, sin embargo, que en Madrid el PP gobierna gracias al apoyo de Rivera.

De todas las formaciones políticas la que más dañada llega es la izquierda de Pablo Iglesias, que en Andalucía es menos de Iglesias y más de Teresa Rodríguez. En algunos sectores del PSOE se malician que las pegas de Podemos al proyecto de Presupuestos quizás no se pueda desvincular de las elecciones andaluzas. Podemos necesita sacar algún rédito de su apoyo a Sánchez, apoyo que aunque se consiga deja las cosas donde estaban. El Gobierno sigue dependiendo de los grupos independentistas y del PNV.

La convocatoria de elecciones andaluzas interfiere también en las agendas previstas para la designación de candidatos para las municipales y autonómicas. De entrada, el PP ha trasladado a enero su Convención, y aunque en Ferraz se ha puesto en marcha el comité electoral bajo la batuta de Iván Redondo, no se han dado fechas para resolver listas electorales.

A estas circunstancias hay que añadir la crisis del independentismo catalán. Pese a que Torra y Morenos, presidente y vicepresidente de la Generalitat respectivamente, han asegurado que habrá unidad en el Gobierno al menos hasta que se conozcan las sentencias del proceso, a día de hoy y así se reconoce incluso en medios próximos a los partidos independentistas nadie se atreve a poner la mano en el fuego de que este supuesto acuerdo vaya a mantenerse “y nosotros también vayamos a las urnas”.

El acento de las elecciones andaluzas no va ser solo andaluz, pero lo que sí es seguro es que la política española va a adquirir de inmediato acento andaluz.

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