16 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Puigdemont y Junqueras, en una de sus ultimas imágenes juntos
Puigdemont y Junqueras, en una de sus ultimas imágenes juntos

Puigdemont impide la investidura de Aragonés para presionar con otras elecciones

Nadie quiere volver a las urnas en Cataluña, pero las presiones de Puigdemont y la resistencia de Junqueras vuelven a elevar la tensión al máximo en el independentismo.

| Esther Jaén España

 

 

Oficialmente, nadie quiere repetición electoral en Cataluña – y mucho menos los partidos independentistas, que temen que esa circunstancia diera mayor fuerza al PSC y al ex ministro de Sanidad, Salvador Illa- pero salvo milagro de última hora, los fieles al ex presidente de la Generalitat, fugado a Waterloo, Carles Puigdemont, planean dar calabazas por segunda vez a ERC y a su candidato a presidente del Govern, Pere Aragonés, el próximo martes.

La segunda derrota de Aragonés (la primera la propiciaron los independentistas de Junts el pasado viernes, con su abstención) provocaría, de entrada, el inicio de la cuenta atrás que concluiría en dos meses, con la convocatoria de nuevas elecciones en Cataluña si pasado el plazo no se ha investido presidente.

Con esa amenaza sobre la mesa ERC tiene menos de 48 horas para tratar de convencer a sus todavía socios en el gobierno catalán, pero en el partido que lidera Oriol Junqueras, no están dispuestos a dejarse doblegar por los de Puigdemont en sus exigencias, que superan a las planteadas por la CUP, cuyos representantes sí pactaron la investidura de Aragonés y votaron favorablemente el pasado viernes.

 

Con la candidata Laura Borràs “aupada” (en lo que no pocos miembros de la formación consideran “una patada hacia arriba”) a la presidencia del Parlament, es Elsa Artadi, mujer de la más absoluta confianza de Puigdemont, la que lleva la batuta de una negociación cuya resolución satisfactoria para ambas partes parece prácticamente imposible a estas alturas, según aseguran fuentes de ambos partidos.

Los de Puigdemont, han vuelto a poner sobre la mesa el argumento “legitimista”, ahora que las urnas los han situado, por primera vez, por detrás de ERC. En su discurso, Puigdemont sigue siendo presidente legítimo de la Generalitat, exiliado, pero merecedor de un puesto destacado en la estructura institucional.

El despacho "de" Puigdemont

En ERC no están dispuestos a ceder en este punto, Aragonés piensa ocupar el despacho que tradicionalmente han usado los presidentes de Cataluña y que quedó inutilizado tras la fuga de Puigdemont.

Aragonés no quiere rendir pleitesía ni cuentas a un supuesto “presidente legítimo” que ya ni gana ni se presenta a las elecciones y que, según apuntan desde ERC “está viviendo cómodamente en su exilio, mientras otros prefirieron quedarse y asumir las consecuencias del 1-O hasta el final y hasta la cárcel, donde llevan ya más de 3 años” y no está por la labor de sacralizar su figura y sí de ocupar el que fuera su despacho.  

Nadie cree a día de hoy que ERC y Junts cometan la torpeza de permitir una repetición electoral, pero ambos bandos afilan argumentos

Sobre todo, en ERC no quieren mantener la actual estructura del Consell per la República, que es una especie de “gobierno en la sombra” y “en el exilio”, presidido por Puigdemont. Para ERC este órgano privado que tiene la misión de promover la independencia de Cataluña, debería integrar a representantes de ERC, Junts, la CUP, Omnium Cultural y la ANC y tener un liderazgo compartido. Pero en Junts creen que esta propuesta no es más que un intento burdo de diluir la figura de Puigdemont y del propio Consell Per la República.

 

Entre las dos formaciones independentistas hay diferencias sobre cómo afrontar el post procés: mientras ERC apuesta por el diálogo con el Gobierno de Pedro Sánchez, para acordar la celebración de un referéndum, en Junts siguen pugnando por la vía unilateral para alcanzar la independencia de Cataluña, con la figura de Puigdemont por encima de todo, como presidente legítimo y responsable del futuro político de Cataluña.

En ERC entienden que la propuesta de Puigdemont es una vía directa a otra aplicación del Artículo 155 de la Constitución Española y, muy probablemente, a la entrada en prisión de quienes ocupan aquí las instituciones.

Presiones de ambos

No hay pelea por las cuestiones relativas a sanidad, educación, pensiones (que deberían saber cómo pagaría una hipotética Cataluña independiente) sino que casi todo se reduce a personalismos y a dos visiones opuestas sobre el PostProcés.

La semana pasada ERC pactó con la CUP para presionar a Junts y forzarla a sumarse al pacto y los de Puigdemont le dieron una vuelta de tuerca más a la negociación y ahora pretenden poner toda la presión sobre ERC, ya que, si fracasa la investidura de Aragonés, empezará la cuenta atrás, con la amenaza de una repetición electoral que pilla al electorado muy cansado y a la parroquia independentista dispuesta, quizás, a comprar la versión de Junts, de que ERC estaría dispuesta a traicionar la causa independentista. 

Nadie cree a día de hoy que ERC y Junts cometan la torpeza de permitir una repetición electoral y ellos juran que tal cosa no ocurrirá, pero, por si las moscas, en ambos bandos afilan argumentos.