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Junts comienza a descomponerse internamente: es la guerra de los 'indepes'

Las numerosas corrientes politicas que confluyen en los postconvergentes no aseguran que los siete votos del partido vayan a ser unificados: hay sectores que no quieren dialogar con el PSOE

Borrás, Turull, Puigdemont y Nogueras: los dos últimos son los observadores neutrales de la guerra que mantienen los dos primeros

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Sandra Sánchez

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Parece vivir días de vino y rosas. Está en el epicentro de la escena política, sin el menor problema, por mucho que sea contrario a la Constitución. Junts debería estar atravesando la mejor etapa de su historia política, pero no es así. Porque resuenan los cuchillos por los pasillos de la sede barcelonesa del Passatge de Bofill. Hay guerra interna entre los postconvergentes.

El riesgo de escisión en Junts regresa. La presidenta del Parlamento catalán, Anna Erra, le enseñó el pasado jueves la puerta de salida de la Mesa de la Cámara catalana a Aurora Madaula. Erra y Madaula, las dos, son de Junts y ambas son las dos representantes del partido en la Mesa. Junts presiona a Madaula, que es además vicepresidenta del partido, por sus denuncias de "violencia silenciosa" y "violencia machista" entre algunos de sus compañeros de formación.

Madaula es del sector más radical de los postconvergentes y del sector afín a Laura Borrás, de un perfil netamente independentista y más cercano al activismo que a la política, afín a la unilateralidad y detractora del diálogo con el Gobierno o los partidos nacionales. De corte ideológico heterogéneo, si bien con cierta tendencia a la izquierda, el sector conecta bien con la masa independentista más movilizada, pocos pero muy ruidosos. Le acompañan en esa ideología los diputados Jaume Alonso-Cuevillas o Francesc de Dalmases.

Amalgama ideológica con el independentismo como fin

Junts intenta amalgamar en torno al independentismo a personas de cualquier ideología, que solo tienen en común la estelada. Socialdemócratas, democristianos, centristas, libertales, conservadores... Los próximos a Borrás, que ya amenazaron en el pasado con escindirse, y la dirección encabezada por Jordi Turull libran desde hace meses una pugna por el control de Junts. Turull es el secretario general y ya era dirigente en la antigua Convergencia. Laura Borrás es la presidenta y lidera a todos aquellos que se unieron a Junts como "hijos del 1-O".

Los de Borrás han perdido fuerza interna. Desde ese sector se oponían a pactar con Pedro Sánchez. Hasta la fecha, el sector más radical amagaba con romper y unirse a la lista que están impulsando entre la ANC y Clara Ponsatí, y si Madaula es expulsada definitivamente de la Mesa, esa opción gana cuerpo. El acuerdo para investir a Pedro Sánchez contradijo la posición contraria a cualquier pacto que siempre había mantenido el ‘laurismo’. Fue la puntilla a un círculo de Junts que se encuentra muy tocado, pese a mantener cargos de mucho poder en el partido.

Al otro lado del ring. Turull. Arbitran Puigdemont y Nogueras

Al otro lado de la batalla se encuentra el sector pragmático, con Jordi Turull como rostro más visible. Procedente mayoritariamente de la antigua Convergencia, el ‘turullismo’ agrupa a la práctica totalidad de la estructura territorial del partido.

Carles Puigdemont observa todo desde Waterloo en silencio. Pese a mantener su acérrima defensa independentista, el eurodiputado de Junts mantiene una fluida relación con Turull y su entorno. Ahora bien, evita posicionarse precisamente para evitar que la guerra abierta del partido se agrave y cause escisiones. A su lado se ha situado también Miriam Nogueras, la portavoz del partido en Madrid. Antes próxima a Borrás, Nogueras no se ha manifestado en el último episodio de la batalla interna de su partido. Un silencio llamativo, del que se infieren las tensiones y la debilidad creciente del sector Borrás.

Con la guerra interna, con dos sectores enfrentados, con la amenaza latente de escisión de algunos diputados de Junts, los siete apoyos postconvergentes que necesita Pedro Sánchez en cada votación no están asegurados, salpicando de este modo a la ya de por sí complicada política nacional. La guerra que no ha hecho sino comenzar entre Borrás y Turull puede tener en Madrid su campo de batalla. Como siempre.

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