21 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Sánchez aprovecha la parálisis institucional para ejercer un poder que no tiene

Con la actividad de las Cortes suspendidas, Iglesias en cuarentena y la oposición obligada a mantener la exigible lealtad, el socialista puede ser el presidente absoluto que siempre quiso.

| Ana Isabel Martín España

España vive desde el martes en una excepcionalidad institucional sin precedentes en tiempos de paz. Aunque Pedro Sánchez se resista invocar la Ley de Seguridad Nacional, como le ha pedido Pablo Casado, y más aún a declarar el estado de alarma, como le ha demandado Santiago Abascal. Por contra, el presidente lo fía todo a la "responsabilidad y disciplina social", que es lo que pidió este jueves desde La Moncloa en una comparecencia surrealista con preguntas telemáticas de los periodistas. 

El poder ejecutivo se encuentra mermado tras el contagio de las ministras Irene Montero y de Carolina Darias y la obligada cuarentena del vicepresidente Pablo Iglesias. El poder legislativo ha tenido que aplazar su actividad al menos dos semanas (también lo han hecho varios parlamentos autonómicos). Y el poder judicial ha ordenado las primeras suspensiones de juicios, y se prevé una cascada. Por si todo esto fuera poco, el jefe del Estado se ha visto obligado a cancelar su agenda y hacerse la prueba del Covid-19 tras el contacto de la Reina Letizia con la ministra de Igualdad.

Ni siquiera la guerra contra el terrorismo que sucedió a los atentados del 11-S en Nueva York provocó un recorte tal de las libertades individuales (de reunión, de circulación, de manifestación...) en aras no de la seguridad, como entonces, sino de la salud pública.

Ni siquiera la masacre del 11-M en Madrid, de la que este miércoles se cumplieron 16 años, causó lo que está a punto de producirse ahora: la suspensión de no unas sino dos elecciones: gallegas y vascas, previstas para el 5 de abril. En aquel marzo de 2004 los españoles fueron a las urnas 72 horas después del peor atentado de la historia reciente.

En medio del shock nacional por esta emergencia sanitaria supuestamente repentina (hasta el lunes no lo fue, según el Gobierno), el presidente intentará una carambola política que le permita algo que ya daba por prácticamente imposible: sacar lustre a su política económica y aprobar unos Presupuestos para 2020. En vez de tener que seguir prorrogando los de Cristóbal Montoro para centrarse en cambio en los de 2021, algo a lo que ya se habían hecho a la idea en La Moncloa. Hacer de la necesidad virtud, se llama.

A Sánchez se le vieron claras las intenciones cuando, en su comparecencia de este jueves, y después de anunciar la movilización de 19.000 millones de euros como primer -que no único- plan de choque, afirmó: "Deberíamos poder contar con unos Presupuestos Generales del Estado que son cada vez más urgentes. No sociales, sino extrasociales. Eran urgentes, ahora son apremiantes". 

Pablo Casado este jueves por la tarde en una comparecencia en Génova.

 

Horas antes la presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, había tendido la mano al presidente socialista para aprobar lo que llamó unos "Presupuestos de emergencia nacional". Así que en las próximas horas, días, la presión sobre Pablo Casado será brutal. Aunque éste intentó este jueves por la tarde curarse en salud (nunca mejor dicho) y advirtió desde Génova: "Si pretende que aprobemos los Presupuestos que ya ha negociado con Podemos y los independentistas, la respuesta es no".

No obstante a renglón seguido Casado aclaró a Sánchez que ahí está el PP si lo que quiere es negociar las cuentas públicas que a su juicio necesita España. Pero no se trata de eso. 

Por lo pronto el presidente del Gobierno ya ha conseguido que el principal partido de la oposición vote favorablemente- cuando llegue al Congreso- al real decreto ley que aprobó este jueves el Consejo de Ministros con el primer plan de choque, por valor de 18.225 millones de euros. Cómo negarse, a pesar de que Casado mostró su decepción con unas medidas que calificó de "tiritas que no van a tapar la hemorragia". En política fiscal, por ejemplo, Sánchez decreta el aplazamiento del pago de algunos impuestos; Casado, por contra, pide su bajada o exención.   

Y entretanto el presidente del Gobierno ha conseguido escapar sine die del control parlamentario, y por tanto del control de la oposición. En el nuevo calendario del Congreso solo figura, de momento, un Pleno sui géneris el 24 de marzo, convocado únicamente para convalidar varios decretos leyes que iban a caducar. Los diputados votarán telemáticamente y únicamente tendrán que estar en persona los que cada grupo designe portavoces. 

Casado le pidió este jueves que habilite alguna forma de que la oposición pueda escrutar la gestión del Gobierno, por ejemplo que Sánchez comparezca cuando el Gobierno lleve al Congreso la convalidación del real decreto ley aprobado este jueves y los que vengan. En su mano está. 

Y entretanto el Ejecutivo está aprovechando sus terminales mediáticas, con TVE a la cabeza, para desgastar al que en la práctica es el gran acorazado del PP contra las políticas sanchistas: el Gobierno de la Comunidad de Madrid que preside Isabel Díaz Ayuso. La culpa de que Madrid sea el epicentro del Covid-19 en España es, según esta campaña, de unos recortes en personal que las cifras del Ministerio de Política Territorial y Función Pública desmienten y de las privatizaciones.