| 21 de Junio de 2024 Director Benjamín López

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Santiago Abascal junto a Javier Milei
Santiago Abascal junto a Javier Milei

Abascal no se cansa de salvar a Sánchez: Javier Milei diseña la campaña del PSOE

El periodista de ESdiario Hugo Pereira analiza en su vídeoblog el conflicto diplomático entre España y Argentina tras las acusaciones de Javier Milei en el acto de Vox de este fin de semana.

| Hugo Pereira España

De lo primero que se estudia en Ciencia Política, concretamente en la asignatura de política internacional, y lo digo con conocimiento de causa, es que en las relaciones internacionales hay dos claves fundamentales: uno es el respeto de la soberanía de los países que conforman el entramado anárquico -al no haber una Ley integral que lo regule- internacional y, dos, la no injerencia en los asuntos de ámbito de otros países, máxime cuando se tratan de países históricamente hermanados.

De esto se deduce que, las acusaciones de Javier Milei, el presidente de Argentina, son una aberración diplomática. Desde luego, no se puede acusar de corrupto al presidente de un país, en este caso a Pedro Sánchez, y a su mujer, Begoña Gómez, sin ninguna condena encima de la mesa. Es más, es muy peligroso ese discurso porque atenta de lleno contra la presunción de inocencia, la base de cualquier Estado de Derecho.

Cabe destacar, en cualquier caso, que quien inició el conflicto diplomático entre Argentina y España se llama Óscar Puente, ministro tuitero de Transportes de España, que insinuó, ni más ni menos, que el Presidente de ese país con el que estamos históricamente hermanados es drogadicto, inaceptable. Otra auténtica aberración diplomática.

 

También es cierto que, muy posiblemente, conociendo al personaje Milei, aunque Óscar Puente no iniciara ese conflicto diplomático, el presidente de Argentina diría prácticamente lo mismo, quizás con menor intensidad, en ese acto de Vox; en lo que fue, por cierto, una visita no oficial y para la que usó el avión presidencial -con la única justificación de una reunión con grandes empresarios-, marcándose un Sánchez con su Falcon de manual. 

Bajo este contexto, el Gobierno y el PSOE, con una línea divisoria entre el Ejecutivo y el partido cada vez más delgada, encontró un buenísimo filón electoral para explotar en el casi inicio de la campaña de las elecciones europeas, que son presentadas, ya saben, como un plebiscito entre Sánchez y Feijóo.

Una vez más, por consiguiente, Vox y el PSOE muestran su necesidad recíproca: sin Vox Sánchez no sería nadie y sin Sánchez Abascal mucho menos. Y, además, ambos tienen un rival común: se llama Partido Popular.  Es evidente que la estrategia de Feijóo, de dejar que todos se tiren los trastos entre sí -políticamente hablando-, en términos de estrategia política, es la acertada y la que yo aconsejaría como politólogo. Esta guerra de Vox-Milei con Sánchez nada, absolutamente nada, tiene que ver con el PP.