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Doble castigo para Sánchez: su fracaso le deja a los pies de Iglesias

Podemos cumplió su amenaza: su "no" a Sánchez deja al socialista en una situación comprometida y no sólo a nivel de investidura. El liderazgo de la izquierda se le escapa al PSOE.

Iglesias habla en la tribuna dirigiéndose a Sánchez.

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El tremendo enfado de la bancada socialista contra el líder de Podemos fue el colofón a los intentos de lograr un gobierno “de progreso”. La votación no deparó sorpresa: 130 votos a favor, 209 en contra y una abstención debida a la diputada de Coalición Canaria Ana Oramas. Un Ejecutivo que parece diluirse entre los efluvios de la bronca protagonizada por Pablo Iglesias con Pedro Sánchez y sus acólitos en el hemiciclo.

No obstante, y pese a la dureza del choque, Podemos cree que el candidato socialista sólo tiene dos opciones después de la derrota que se le avecina este viernes: o llegar a un acuerdo con el partido morado o ir a una gran coalición.

Un castigo a Sánchez

Desde el principio quedó claro que Iglesias, tras su encierro de preparación del discurso, salía a matar y haciendo gala de ser la verdadera izquierda: invocaciones de recuerdo al anarquista Salvador Puig Antich, críticas a los populares por ser “hijos políticos del totalitarismo” o elogios a quienes “se enfrentaron a la dictadura” dieron muestra de ello. "Había que darle un correctivo", explican fuentes de Podemos.

Si uno y otro se tendieron la mano, lo cierto es no dejaron de golpearse una y otra vez. Y los dos, Iglesias y Sánchez, supieron dónde tirar para que la herida no fuese superficial: las simpatías proabertzales de uno y el pasado negro de su partido en el otro.

La imagen de Iglesias con cara de malas pulgas enfrentándose a los diputados socialistas que aullaban desde sus escaños será recordada. Casi tanta como la de las caras de los diputados populares, algunos de los cuales no dieron crédito a lo que estaba teniendo lugar.

Sánchez, el gran perdedor

No fueron los únicos, ya que hasta algunos miembros de Podemos reconocieron en privado que buena parte del discurso de Mariano Rajoy estaba cargada de razón. "Rajoy ha ganado por puntos y Pablo por K.O. El gran perdedor ha sido Sánchez", valoraban de manera extraoficial desde el entorno del líder morado.

Precisamente Iglesias se dedicó a enterrar en cal viva la posibilidad de un acuerdo con el PSOE. El líder de Podemos se lo ha puesto difícil a Sánchez. Hasta algún diputado socialista reconocía que la humillación propinada por Iglesias iba a ser difícil de olvidar.

Ya no se trata tan sólo del Comité Federal sino de los más fieles a Sánchez. Tampoco Podemos olvida el “golpe bajo”, como lo calificaron, de Sánchez tirándoles un muerto socialista asesinado por ETA.

¿Es todo teatro o la situación es tensa? Resulta difícil valorarlo pero lo vivido en el hemiciclo este martes parece apuntar más a lo segundo. Podemos ya dejó claro, como apuntó ESdiario, que iba a ponérselo difícil a Sánchez por su traición con Ciudadanos. “La verdadera negociación comenzará a partir del 5 de marzo”, auguraron. La cuestión es si no se le ha ido la mano a la hora de acogotar al socialista. O si la decisión fue tomada a propósito.

Porque esa es otra. Al fin y al cabo, desde la noche de las elecciones generales Iglesias y su Estado Mayor han tenido otro opción B, o incluso C, que pasaba por la celebración de nuevas elecciones. A partir de ahí, los morados han sido los que lo han tenido más fácil: si les daban lo que pedían, bien; y si no, pues también. Las voces que susurran al oído de Iglesias no han dejado de indicarle que, a las malas, en unas posibles elecciones Podemos se comería al PSOE.

La otra lucha con el PSOE

La única realidad, a día de hoy, es la soledad de Sánchez. Su endeble y extraño matrimonio de conveniencia con Ciudadanos se enfrenta a la negativa de los populares y los morados. Tampoco le fue mucho mejor con nacionalistas e independentistas. Tan sólo Alberto Garzón, El Esperanzado, es el único que todavía cree en la posibilidad de algún tipo de acuerdo.

Pero en lo que hace a la izquierda, Podemos lleva la voz cantante. Sin los morados, no hay suma posible para Sánchez. Ni Compromís ni Izquierda Unida ni nada de nada. Lo que se vio este miércoles pareció más una lucha por quedarse con el área izquierda del arco político que por llegar a un pacto de gobierno. Y, como en Los Inmortales, sólo puede quedar uno.

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