09 de Mayo de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Casado y Díaz Ayuso

El miedo se instala en Podemos: Ayuso arrasa y Errejón tumba a Iglesias

Ayuso y García llegan al 4M con entusiasmo y la sensación de que Madrid cambiará cosas importantes en España. En el PSOE y Podemos comienza a sonar música de funeral.

| Antonio Martín Beaumont España

 

 

Son muchos los analistas que están deseando que se ponga punto final a esta campaña electoral. Dicen que ha sido muy bronca. Así lo expresan. No estoy de acuerdo. A mí con las citas electorales me ocurre como con los buenos partidos de fútbol, que me gustaría que durasen más.

Y si hay barro en el campo, más aprecio la lucha y más disfruto con esos buenos jugadores que, incluso encima de los charcos, son capaces de mostrar algo distinto que los demás no tienen y que les convierte en ganadores todoterreno. En esta campaña si alguien ha sido ese jugador es Isabel Díaz Ayuso. ¿Así de raro soy?

Además, es justo en campaña cuando los ciudadanos corrientes tenemos a los políticos en la mejor posición: nos lo quieren dar todo. Luego, con los votos en el zurrón y sentados en sus despachos oficiales, las cosas se ven diferentes.

Si tuviera que elegir una imagen que separa la miseria política de la buena gente, me quedaría con esa casi postrera detención de dos miembros del servicio de seguridad de Podemos agrediendo a miembros de la Policía en el acto que celebró Vox en Vallecas.

¡La de vueltas que ha dado el “bloque de izquierdas” con la violencia fascista! Sobres con balas, navajas ensangrentadas, fugas del plató, punto y final a los debates en televisión. Han llegado a solicitar un cordón sanitario contra los de Rocío Monasterio y Santiago Abascal porque, según ellos, desean acabar con la democracia.

 

Pues, mira por dónde, quienes habían ido a liarla al acto de inicio de campaña del partido verde eran nada más y nada menos que gente pagada por el partido de Pablo Iglesias. Muy significativo. Insisto: miseria y buena gente.

La médium de Sánchez

Fíjense, al respecto de esto que digo sobre la sumisión de los políticos antes de su examen en las urnas, en Pedro Sánchez. Su médium, Adriana Lastra, puso en circulación esa teoría, sublime, de que una cosa era lo que decía Pedro candidato y otra lo que dice Pedro presidente.

Un catecismo laico en estado puro que permite prometer una cosa y hacer la contraria. A mí me sonó como la Santísima Trinidad: distintas personas en una deidad. Al final, en los partidos, el líder es un dios... hasta que deja de ser el líder. 

Pablo Iglesias es como esos eternos opositores hechos para estudiar toda una vida sin aprobar nunca la oposición

No me digan, por ejemplo, que no ha resultado conmovedor ver a todo un -ya ex- vicepresidente del Gobierno como Pablo Iglesias ponerse otra vez su camisa de cuadros comprada en Alcampo, dejar sus series de televisión en el chalet de Galapagar, soltarse la coleta y hacerse presente en carne y hueso por algunas plazas. Si no fuese porque es cinco años más viejo, hubiésemos creído que estábamos ante el “enfant terrible” que quería “asaltar el cielo” desde su pisito de Vallecas.

Sí, sí, ya sé que la política es muy puñetera. Una vez llegas a las instituciones hay que gestionar, levantarse temprano para acudir al escaño, a la consejería o al ministerio, tener la mesa llena de papeles.

Funcionarios pesados que se mueven a golpe de reglamentos… Iglesias creyó ingenuamente que todo era como en “Juego de tronos”, una ficción apasionante que te va enganchando a medida que avanza hacia el final. Pero no, pronto vio que cada nuevo capítulo de la política le aburría más que el anterior. Se lio la manta a la cabeza y se marchó. No servía para eso.

 

Pero, oigan, en campaña ha sido el mismo de siempre. Ha estado de lujo. De numerito en numerito. No ha dejado títere con cabeza. Ha tocado todos los palos. Las cosas, según avanzan las prospectivas de voto, no le han ido demasiado bien. Parece ser que Pablo es como esos cavas que, una vez abierta la botella, al día siguiente ya no sabe igual. O como esos eternos opositores hechos para estudiar toda una vida sin aprobar nunca la oposición.

Igual, claro, no vale para la gestión. ¡Qué penalidad supone eso en la política de élite! Pero espectáculo siempre da. Así que no me parece mala idea eso que leo por ahí de que pueda acabar presentando un programa en la televisión de Jaume Roures. Les une además su abnegación con el independentismo. Y su especial habilidad por hacer del espectáculo leninista una buena manera de llenarse los bolsillos.

Redondo versus Lastra

La Moncloa y Ferraz andan a la gresca. Ya se sabe: los triunfos tienen muchos padres, pero las derrotas siempre son huérfanas. En campaña esto se agranda aún más. Para Ángel Gabilondo —no era esto, no era esto— las cosas no pintan bien. Los tracking de los expertos electorales monclovitas dicen que si queda en segundo lugar en las elecciones va a ser por los pelos.

Lo ocurrido en Galicia, donde el PSOE fue tercera fuerza, esta vez puede repetirse en Madrid por la "siniestra" mano de Mónica García e Íñigo Errejón. Cuando legalmente hubo que dejar de publicar datos, la distancia entre socialistas y Más Madrid ya era de sólo 4 diputados y las opciones de los del puño y la rosa siguen en descenso.

La mejor prueba de la galerna que se está levantando en la izquierda es fijarse en cómo empiezan a comportarse los mandamases que rodean a Pedro Sánchez. Iván Redondo, “todo un corcho”, ha ido mutando paulatinamente.

Ha pasado de posar como superhéroe al principio de la campaña, a buscar ser invisible según iban pasando los días, para acabar echando balones fuera: “La culpa de todo la tiene Adriana Lastra, que es incapaz de activar al partido”, se le escucha despotricar al jefe de fontaneros presidenciales contra la guardiana de las llaves de Ferraz.

La coletilla más gris para Iglesias

Malas noticias para el final de los actos de Pablo Iglesias, aunque los mandamases de Podemos lo achacaran, como hacen siempre, al “fascismo” que ha pergeñado una “falsa” campaña para impedirles el paso. En fin, quien no se consuela...

Lo ocurrido en Galicia, donde el PSOE fue tercera fuerza, esta vez puede repetirse en Madrid con Gabilondo

Aparte del escándalo de los guardaespaldas detenidos, un juez, José María Escribano, de la Audiencia Provincial de Madrid, cita por fin a declarar como imputada a Teresa Arévalo, alto cargo del Estado, pagado con dinero de todos, que ejercía de niñera de los hijos de la pareja real morada. De momento, Irene Montero está a refugio por “gozar” de su “odiado” aforamiento, por lo que solamente puede ser investigada por el Tribunal Supremo. ¿Esto no es un privilegio? 

Realmente, Podemos, para los pocos años que tiene de existencia, se ha cargado demasiado rápido de malas experiencias judiciales. Cuando eran otros los políticos citados ante los tribunales, los morados denunciaban que estábamos rodeados de malolientes partidos que en realidad eran “organizaciones criminales”, especialmente si se trataba de asuntos del PP.

 

Ahora las cosas se ven de forma bien distinta. Su manual explica bien lo que deben hacer. Primero, dar la callada por respuesta. Luego, si se les insiste mucho, negación absoluta. Y como coletilla, la “trama”: las “poderosas castas” que ven peligrar su situación privilegiada con su presencia y ponen a trabajar a las “cloacas” del Estado contra ellos.

Ciertamente, esto podía valer hace años, pero, ya, cuando Iglesias ha sido vicepresidente del Gobierno con acceso al CNI y Montero es ministra, escupir hacia arriba es mojarse seguro.