| 18 de Septiembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Don Felipe y Pere Aragonés, el pasado 16 de junio
Don Felipe y Pere Aragonés, el pasado 16 de junio

Sánchez incluye al Rey y a las mascarillas en su operación temeraria en Cataluña

El presidente copia la "Operación diálogo" de Soraya con Junqueras sin recordar el final: la mayor insurrección que se recuerda en España desde hace décadas.

| Antonio Martín Beaumont España

Puede sonar a tópico, pero la historia se repite. Y a veces ese recorrido por el mismo paisaje es tan llamativo que amplifica el empeño tan humano de tropezar en la misma piedra. Veamos.

Hace apenas mes y medio, Pedro Sánchez estaba convencido de su estrategia: encadenar actos hasta el veraneo, sin prensa indiscreta cerca, para explotar dos hitos, a saber, la estrategia de vacunación y la llegada de los fondos europeos.

Los guionistas monclovitas buscaban asentar en la opinión pública la idea de que estamos saliendo de la pandemia como vía directa para la remontada de la credibilidad del presidente. Vacunación y recuperación eran los ejes estratégicos del “relato” programado.

 

Pero Sánchez, haciendo caso a “ese instinto tan suyo de conservación” -eso al menos me dice un fontanero socialista-, “rompió enseguida los papeles” de sus asesores y se lanzó en plancha sobre la llamada “agenda del reencuentro”. Una apuesta, sin duda, arriesgada. Incluso  temeraria. Desde luego, muy  impopular a izquierda y derecha.

De hecho, el rechazo, como constatan los propios sondeos cualitativos de opinión que maneja La Moncloa, es “transversal”. Y más aun teniendo en cuenta que el indulto a los líderes del procés es solo el primero de otros tantos platos “chamuscados” que habrá que ir poniendo sobre la mesa.

“Los resultados se verán a largo plazo”, sostienen en el entorno del presidente. Aunque la pregunta que revolotea entre  ellos mismos encierra una peligrosa duda: en el caso de que se llegue a esa  “normalización”, ¿seguiremos nosotros en el poder? Porque las imágenes que están por llegar tienen todas las papeletas para hundir definitivamente al PSOE.

A tanto llega Sánchez en su operación “reencuentro”, que no tiene reparo alguno en involucrar al  Rey en la agenda catalana “cuando así le sea requerido”

La doctrina oficial del Gobierno de Sánchez se parece demasiado a la que en su día desplegó el PP con Mariano Rajoy a la cabeza. Recordemos. El objetivo de finales de 2016 era evitar “el choque de trenes” a través del “consenso”, pero siempre bajo el absoluto “respeto a la ley”. Soraya Sáenz de Santamaría nombró entonces un nuevo delegado del Gobierno, Enric Milló, y abrió un despacho en la propia delegación en Barcelona.

Soraya y Junqueras

¿Se acuerdan de cómo se vendía desde La Moncloa “mariana” el “puente aéreo” político entre Madrid y Barcelona que forjaba la todopoderosa vicepresidenta? Soraya, por aquellos días, presumía en privado de sus buenas relaciones con el entonces vicepresidente de la Generalitat catalana, Oriol Junqueras. A tanto llegó esa cordialidad, que echaban los días pegados al teléfono y enviándose mensajes de Whatsapp.

Para Sáenz de Santamaría, Junqueras era el bueno de la película independentista. Enfrente, claro, estaba el malo, malísimo, Carles Puigdemont,  que cortocircuitaba cualquier acercamiento a La Moncloa. Así lo trasladaba la mano derecha de Rajoy en petit comité.

¿No les recuerda lo anterior, salvando las distancias, al actual argumento de Carmen Calvo de “Pere Aragonés se está adaptando a los nuevos acontecimientos, pero su socio [JxCAT] no se lo pone fácil”?  Soraya Sáenz de Santamaría tardó siete meses en caerse del caballo y constatar que el idilio con ERC no iba a ningún lado. Los acontecimientos desembocaron en una insurrección el 1 de octubre.

 

Cuatro años después, Sánchez juega con fuego convencido de que la inmensa mayoría de los españoles, pese a haberse sentido desgarrada por un referéndum ilegal y una inusitada violencia en las calles de Cataluña que nos pegó a las pantallas estremecidos y angustiados, está dispuesta, para alcanzar la concordia, a olvidar todo  lo que hicieron los cabecillas de ese golpe a la democracia española.

El presidente, a eso juega, entiende que aquí pesará más el “hablando se entiende la gente” que el desafiante mensaje independentista de “volveremos a hacerlo”. Es su apuesta.

La agenda del Rey

A tanto llega Sánchez en su operación “reencuentro”, que no tiene reparo alguno en involucrar al  Rey en la agenda catalana “cuando así le sea requerido”. De hecho, en las próximas semanas el jefe del Estado irá sumando visitas a Cataluña coincidentes en el tiempo con la concesión de las medidas de gracia. No hay empacho alguno en La Moncloa en mezclar a don Felipe con sus políticas partidistas.  

Cuesta trabajo hasta pensarlo, porque sería impúdico, aunque viendo cómo se las gasta el sanchismo con la propaganda es una duda razonable: ¿El anuncio precipitado del presidente de suprimir las mascarillas en un consejo de ministros extraordinario el próximo jueves, es una operación de marketing político para tratar de tapar los indultos a los políticos independentistas condenados?