| 06 de Agosto de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Iglesias en la presentación del informe del Consejo Económico y Social.
Iglesias en la presentación del informe del Consejo Económico y Social.

La imagen de Iglesias se hunde como la de Rosa Díez el año que murió UPyD

Él e Irene Montero atraviesan por una gravísima crisis de impopularidad. El debate sobre un futuro de Podemos sin ellos, o sobre si Podemos tiene futuro sin ellos, está en el ambiente.

| Ana Martín España

 

El barómetro del CIS conocido este jueves vino a confirmar una tendencia de la que ya eran más que conscientes en los cuarteles de Podemos: la pareja formada por Pablo Iglesias e Irene Montero atraviesa por una gravísima crisis de imagen.

Y ello son palabras mayores para un partido profundamente personalista y cesarista en el que todo, para bien y para mal, gira en torno al vicepresidente de Derechos Sociales y a la ministra de Igualdad. De la que un día se habló como posible recambio de él cuando hubiera que oxigenar la formación y ahora ya no se habla, precisamente porque los males del uno son los de la otra. 

Tal es así que la popularidad de Iglesias, el que fuera enfant terrible de la política española, se ha hundido hasta los niveles a los que cayó Rosa Díez el año del fin de UPyD. Porque con Díez murió UPyD, por más que unos pocos bienintencionados intentaran alargar su vida artificialmente. 

¿Premonitorio? Ambos son los miembros del Consejo de Ministros con peor nota de la tabla, con un 3,3 cada uno. Incluso por detrás de los titulares de Consumo, Alberto Garzón, y Universidades, Manuel Castells. Y puede que ni siquiera hayan tocado fondo, puesto que venían de sacar 3,4 y 3,5 en octubre, respectivamente. 

 

El año 2015 fue el del hundimiento de UPyD, que entró en declive tras pegarse el batacazo en las elecciones europeas del mes de mayo anterior. En enero de ese año su líder sacó un 3,66 de puntuación en el CIS, es decir, aún más que el socio de Pedro Sánchez ahora. En abril cayó a 3. Un mes después, tocó fondo en las elecciones autonómicas y municipales: UPyD no consiguió entrar en ningún parlamento regional y su mísero premio de consolación fueron 125 concejales en toda España.

Díez anunció que renunciaba a luchar por revalidar su liderazgo en las primarias de ese verano. En el siguiente CIS, el de julio, su nota fue de 2,97, todo un epitafio político para quien había llegado a ser la líder política mejor valorada a finales de 2011. Iglesias nunca ha conseguido tanto en el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas.

Rosa Díez en sus últimos meses como presidenta de UPyD.

 

El fin de Díez fue también el UPyD. ¿Sobrevivirá Podemos a su líder? La pregunta está en el aire, y el debate sobre el liderazgo y el futuro del partido está en las sedes moradas, por más que el sanedrín morado trate de silenciarlo. No hay más que ver la cortante reacción de Montero cuando el jueves le preguntaron por Yolanda Díaz (a quienes algunos sitúan como la única esperanza) en una entrevista en TVE.

Los marqueses de Galapagar, los Ceaucescu, el coletas... los apodos para el número tres del Ejecutivo y la titular de Igualdad son muchos, a cual más maledicente. Pero encierran algo infinitamente peor que palabras para los podemitas: un descenso continuado en las encuestas, un vicepresidente incapaz de rentabilizar medidas estrella y obcecado en una lucha sin cuartel contra una Monarquía que no puede defenderse

 

La traslación de los sondeos a la realidad es aún peor. En las elecciones de julio de 2020 Unidas Podemos quedó fuera del Parlamento gallego y reducido a seis diputados (con lo que fue) en el vasco. Las elecciones catalanas del 14 de febrero no pintan mejor para la marca morada: según la encuesta del CIS catalán conocida este mismo viernes, los comunes se situarían como sexta fuerza política, solo por delante de la CUP y Vox. 

Le queda, o le quedaría, agarrarse al clavo ardiendo de un posible tripartito con Salvador Illa y ERC que permitiera enmascarar su resultado. Pero el deterioro es ya demasiado evidente.