| 23 de Abril de 2024 Director Benjamín López

× Portada España Investigación Opinión Medios Chismógrafo Andalucía Castilla y León Castilla-La Mancha C. Valenciana Economía Deportes Motor Sostenibilidad Estilo esTendencia Salud ESdiario TV Viajar Mundo Suscribirse
Termina el plazo del segundo requerimiento de Rajoy a Puigdemont.
Termina el plazo del segundo requerimiento de Rajoy a Puigdemont.

España en vilo ante la voladura controlada del entramado independentista catalán

El día “D” ha llegado y con él la política española se adentra en una situación absolutamente desconocida. Si lo vivido hasta ahora no ha sido fácil desde este jueves lo será menos aún.

| Charo Zarzalejos España

Han sido jornadas, por no decir semanas, de especial tensión y preocupación. El Gobierno ha querido estirar al máximo los plazos. Cargarse de razón antes de tener que aplicar el artículo 155 que a falta de una ley que lo desarrolle no deja de ser un folio en blanco. Su aplicación introduce a la política española en un terreno ignoto y en este desconocido territorio, el consenso con el PSOE se ha cuidado al máximo.

Si la previsiones se cumplen, y todo apunta a que así será, Carles Puigdemont reiterará al Gobierno el grueso de la respuesta que dio el pasado lunes: No se retracta de nada y, desde luego, no se pronuncia sobre si declaró o no la independencia. Ésta y no otra era la pregunta del Gobierno. La respuesta recibida en La Moncloa fue respondida de inmediato por el Gobierno, que en una larga misiva invitó de nuevo a Puigdemont a aclarar una situación “necesaria para los españoles en su conjunto y para los propios catalanes”.

 

Con la pregunta del Gobierno, la pelota se desplazó al tejado del presidente de la Generalitat y todo apunta a que este jueves pretenderá devolver la pelota a Rajoy apelando al diálogo. Pero no a cualquier diálogo. Oriol Junqueras lo ha dejado bien claro: debe ser un diálogo encaminado, aunque no lo diga expresamente, a dar satisfacción a las pretensiones secesionistas. La respuesta de La Moncloa ha sido clara: no cabe diálogo fuera de la ley y no hay más mediador que el Congreso de Diputados.

A lo largo de todas estas jornadas, Mariano Rajoy ha estado volcado en mantener vivos todos los contactos y conversaciones iniciadas hace mucho tiempo. Los líderes europeos fueron llamados por el presidente del Gobierno el pasado día 2. Rajoy habló, uno por uno, con todos los jefes de Gobierno de la UE. La imagen que dio la prensa internacional sobre la jornada del 1-0 llevó a Rajoy a aclarar personalmente los acontecimientos a todos a sus colegas europeos.

En Madrid, el chat que tienen todos los diputados populares “ardía”. La indignación de sus señorías era manifiesta hasta el punto de que desde la dirección del PP se tuvo que hacer un llamamiento a la calma. Y es que en el PP, o al menos en amplios sectores del mismo, ha habido inquietud, impaciencia y un punto de desconcierto. No todos han entendido y ni siquiera compartido los “tiempos” utilizados por Rajoy. Desde Génova se recordó a todos que “en circunstancias muy complejas, cuando había presiones de todo tipo, Rajoy acertó con sus tiempos y ahora no va a ser distinto”.

El Gobierno y el PP no entienden las presiones de Ciudadanos. La precipitación no es buena tratándose de un asunto capital

No obstante, tanto en Génova como en La Moncloa se comprende la impaciencia. Los retos del secesionismo han sido de tal calibre que no pocos creen que “se ha perdido un tiempo precioso”, afirman algunos populares. “Es comprensible -se indica desde el círculo más próximo a Rajoy- la impaciencia, pero aplicar el 155 es una decisión política de altísimo calado y no deja de ser curioso que quienes más urgen a su aplicación son los que ya no gobiernan y los que nunca han gobernado. Se ha hablado con mucha alegría de la decisión política más compleja que ha tenido que tomar el Gobierno y cuando esto ocurre la prudencia es buena consejera. Otra cosa es que algunos equivoquen prudencia con supuesta indecisión”.

Rajoy y Sánchez, aliados sobrevenidos

La prudencia de Rajoy, interpretada por algunos como debilidad, ha venido marcada no sólo porque ése es su estilo, sino porque el acuerdo y apoyo del PSOE ha sido un bien a cuidar de manera especial. La mayoría absoluta del Senado garantiza la aprobación de las medidas que adopte el Gobierno en relación al 155, pero eso no anula el hecho cierto de que en el Congreso, el Gobierno lo es con un minoría nunca antes registrada en democracia.

“Con un PSOE enfrente sería imposible abordar una cuestión de Estado de esta envergadura”, se reconoce desde el grupo parlamentario, en donde hay un enfado contenido con Ciudadanos, al que achacan una sobreactuación “propia de quien nunca ha gobernado. Nadie discute su diagnóstico pero si se falla en el tratamiento, todo se va al garete”.

Prueba de la sobreactuación que se atribuye a Ciudadanos es la moción presentada el martes en el Congreso sobre el adoctrinamiento en el sistema educativo catalán. Desde el grupo parlamentario popular se intentó un acuerdo haciendo mención especial a la Alta Inspección del Estado, pero Toni Cantó dijo que era una forma de descafeinar su propuesta. “Ciudadanos se ha venido arriba, animado por las encuestas”.

En privado se reconoce que a lo largo de todas estas jornadas ha sido más fácil la interlocución con el PSOE que con Ciudadanos. Como viene siendo habitual el trío formado por Fernando Martínez Maillo (PP), José Manuel Villegas (Ciudadanos) y José Luis Ábalos (PSOE) “se mantiene vivo y funciona bien”.

Rajoy no quiere actuar sin Sánchez. Y Sánchez no puede permitirse medias tintas si un día quiere ser presidente

El reto secesionista ha convertido a Rajoy y Sánchez en aliados sobrevenidos. Ni Rajoy quiere actuar en solitario, ni Sánchez, si quiere ser presidente de Gobierno, puede no tener una posición clara ante la exacerbación secesionista. Buena parte de su propio partido no se lo hubiera permitido.

La contundencia del reto soberanista no ha dejado al PSOE más margen de maniobra que el de estirar al máximo los plazos y en este punto ha radicado el grueso del consenso con Rajoy: tiempos y medidas compartidas son el hilo conductor de esta alianza sobrevenida que ha incluido intervenciones y alocuciones públicas de unos y otros. La retirada de la reprobación a la vicepresidenta del Gobierno ha sido un gesto calculado y pensado.

Alguna sorpresa

Ni en La Moncloa ni en Ferraz se descartan sorpresas por parte de la Generalitat. Dando por hecho que la respuesta clara y concisa requerida a Puigdemont, se cuenta de antemano con algún “movimiento” por parte del secesionismo. La CUP ha anunciado que habrá proclamación de la República Catalana pero lo que de verdad se tiene sobre la mesa es una eventual convocatoria electoral por parte de Puigdemont, cosa que podría hacer incluso cuando el procedimiento de aplicación del 155 se haya iniciado, ya que esta circunstancia no le desprovee de su facultad para llamar a las urnas.

Otra hipótesis más que probable es que la Generalitat no acepte, sin más, la aplicación del 155 que se hará, según se indica en medios oficiales, con precisión de cirujano. La intervención será la justa y necesaria, “no masiva” para restablecer la legalidad pero, en ningún caso, será aceptada sin más por la Generalitat.

El Gobierno, en acuerdo con el PSOE, ya tiene el listado de medidas a adoptar y que será remitida al Senado para su aprobación por la correspondiente comisión. El día “D” ha llegado y con él la política española se adentra en una situación absolutamente desconocida. “Si las jornadas que se han vivido han sido duras, las que vienen no van a ser mas fáciles”. Éste es el vaticinio.