El carmalengo: la figura clave para la Iglesia durante la Sede Vacante

Mientras se realizan los debidos honores al Papa Francisco y a esperas de que empiece el Cónclave, la figura del cardenal carmalengo toma una importancia vital en el Vaticano

El cardenal Kevin Joseph Farrell anuncia la muerte del Papa Francisco, Ciudad del Vaticano, 21 de abril de 2025ZUMA vía Europa Press

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El fallecimiento del Papa Francisco da pie a un periodo de Sede Vacante en el Vaticano, que terminará en el momento en que se lance la fumata blanca que anuncie la elección del nuevo Pontífice. Mientras los cardenales -que ya han sido convocados por la Santa Sede- votan en el Cónclave para definir al próximo Papa, en la Iglesia Católica queda un vacío de poder que es rellenado de manera interina por la figura del camarlengo.

La ley pontificia dicta que, hasta que se anuncie en el balcón de San Pedro la famosa frase 'Habemus Papam', será el camarlengo quien asuma las labores administrativas del Vaticano. Aunque es especialmente conocido por ser quien anuncia la muerte del Pontífice, las funciones del camarlengo van más allá.

El camarlengo es un cardenal miembro de la Curia Romana -el conjunto de órganos que rigen la Iglesia-, cargo que es ocupado actualmente por el irlandés estadounidense, Kevin Farrell, de 77 años. Farrell se encargará de la gestión cotidiana y preparar el cónclave para la elección del sucesor de Francisco; asimismo, Farrell ha sido el responsable durante estos días de confirmar oficialmente la muerte del Papa, sellar los apartamentos pontificios y organizar su sepultura.

El Cónclave

Por otro parte, Farrell también tiene entre sus tareas vigilar que se mantenga el carácter reservado de lo que suceda en el Cónclave, que deberá empezar en un par de semanas. Cabe recordar que en este proceso de elección participan todos los cardenales menores de 80 años, quienes ya han sido convocados para rendir honores al Papa Francisco, acompañarlo en la Capilla ardiente y posteriormente encerrarse en la Capilla Sixtina, sin contacto con el exterior, hasta que una mayoría de dos tercios apruebe a alguno de los candidatos a Sumo Pontífice.

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Como dicta la costumbre milenaria, el Vaticano actualizará al mundo con respecto a las votaciones por medio de las famosas fumatas negras y blancas. En caso de no haber consenso, se lanza la fumata negra, y cuando encuentran al elegido lo anuncian con la blanca. A partir de ahí, el cardenal escogido acepta el cargo, acepta su nombre papal y se anuncia desde el balcón de San Pedro "Habemus Papam".