| 29 de Junio de 2022 Director Antonio Martín Beaumont

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Pedro Nuño de la Rosa visita hoy el Real Liceo Casino de Alicante
Pedro Nuño de la Rosa visita hoy el Real Liceo Casino de Alicante

Un Casino orientalizado

Hoy, bajo la dirección del abogado y político Joaquín Galant, vuelve a lanzarse al proceloso piélago de la cocina de autor, sin por ello dejar atrás catering y eventos

| Pedro Nuño de la Rosa La Picaeta

El Real Liceo Casino de Alicante, pomposo y monárquico nombre institucional, al que todos conocemos como "el Casino de la Explanada", ocupa un lugar privilegiado (como casi todos sus congéneres socio–culturales, que no de juegos dinerarios) en lo que otrora fue el centro económico y pudiente de la ciudad.

Pero aquella estirpe machadiana, como se decía entonces: "de buen tono", empezó a dejar de frecuentarlo, sobre todo desde la fundación del no menos borbónico, Real Club de Regatas, más acorde con una burguesía emergente y algún resto aristocrático imitando los glamorosos clubes vacacionales europeos. Con el tiempo, el edificio y la economía societaria se fueron deteriorando al punto de tener que derribar el antiguo caserón decimonónico, y levantar un inmueble para oficinas y pisos privilegiados, quedándose los socios con las estancias inferiores, y conservando preciosos vestigios anteriores como la biblioteca o el imperio, además de la remodelación total de otras dependencias para hacerlo más funcional y rentable.

Sin embargo, precisamente en su rentabilidad ha radicado el gran problema de esta nueva etapa casinera, entre unos presidentes de la institución (he entrevistado al menos a tres de ellos) intentando actualizar servicios y ofertas, y la inmovilidad, cuando no contumaz oposición de algunos socios (los menos) por mantener un estatus quo totalmente desfasado hace ya más de 30 años. Necesariamente la viabilidad del Real Liceo Casino de Alicante ha consistido en brindar una atractiva oferta hostelera en privilegiada ubicación, dando prioridad tanto a la barra-restaurante como a su gran Salón Imperio bajo la consabida fórmula BBC (bodas, bautizos y comuniones, amén de otras celebraciones de cualquier tipo social, empresarial o político), para lo cual hubo que remodelar las cocinas y menaje en las varias épocas que concesionarios de la altura de Javier Ruíz, Dani Frías, Ladislao Comins, Kiko Moya..., y así un largo elenco de restauradores triunfantes en sus negocios o puestos directivos, y, empero a aquellos sus esfuerzos iniciales, tuvieron que abandonar el Casino.

Hoy bajo la dirección del abogado y político Joaquín Galant, de nuevo este señero paquebote en tierra vuelve a intentar lanzarse al proceloso piélago de la cocina de autor, sin por ello dejar atrás catering y eventos que rentabilizan la concesión. Para tales menesteres específicamente restauradores se deja llevar de la mano de Lola Peña Villaescusa, quien de momento ensaya con varios experimentados cocineros, pero conserva en la barra-restaurante y el show-cooking (perdonen el anglicismo), a Rodrigo Molinas, un todoterreno argentino que lo mismo acomete la sensibilidad zen de un sushi occidentalizado, que domina el corte y punto de asado para un churrasco argentino.

Comenzamos aperitivo con magnífico salazón y embutidos seleccionados por ese gran conocedor que es Jaime Iborra. Después y para empezar un menú largo y estrecho plantearon una ostra sol (suelen provenir del Delta del Ebro) gratinada con espuma de sabayón, queso pecorino y vermut rojo. Siempre dije de la ostra como de la rosa, y parafraseando a Juan Ramón Jiménez: "no la toques que es hermosa"; pero los chefs se empeñan en meterle al molusco cocina y aditamentos que nunca la superan en su naturalidad; y eso que la comido en algún que otro del firmamento Michelin. Nunca como en Arcade o La Rochelle recién abiertas

Seguidamente un taco de atún rojo en concha de wonton (clásica empanadilla china), con salsa ponzu (vinagreta nipona) y aceite de sésamo, ralladura de chocolate y ralladura de lima, ahumado con leña de olivo. Toda una revisión de la cocina del pescado inventada por los coreanos. Ésta: notable.

Para pasar a lo que el cocinero intercultural denomina "Nuestro steak tartar Teselas (supongo que en homenaje al mosaico de la Explanada), con salsa bearnesa de yuzu (cítrico japonés), carbón de cebollas, sésamo, cebollino y kimchy (verduras fermentadas) coreano" o más bien deberíamos decir: del Mar de la China. (Plato con humo de anhídrido carbónico). Acompañado con pan de gambas y pan carasau. Se nota su trabajo anterior en un gastrobar del Mercado Central, por cierto, visitado hace tres años con muy grata impresión, pero y también la influencia de la novísima cocina italiana.

Sirven cócteles dignos de la gran manzana, suficientemente abastecidos de los mejores licores

 

Y por no movernos de la ideología coquinaria del sudeste asiático, continuamos con nigiri (variante sushi) de atún rojo con foie micuit (tarrina de pato) de avellanas, mermelada de algas nori y chispas de canela. Toda una combinación vietnamita en los tiempos del dominio francés.

Por fin alcanzamos los orígenes argentinos de Miras, gracias a un tataki de bife de chorizo con chimichurri (salsa gaucha), tomates confitados y papas fritas, donde demostró su casta sin tener que acudir a modas orientalistas, pues creo que, tras Perú, México o Brasil, la cocina bonaerense, debe redescubrirse más allá de los pasajeros y fogones.

Y cerramos muestrario con un matchamisu (tiramisú que cambiar el café por el té Matcha), con chocolate blanco, con lima Kaffir (fruta tailandesa) y jengibre. Postre bastante original, al menos por estos pagos, y que hará las delicias de los golosos. En definitiva, estamos ante una promesa en rodaje, con buen gastro bar, esperando que en el restaurante propiamente dicho se asiente definitivamente un cocinero estable, y en ello anda el equipo conductor gastronómico.

Olvidaba que sirven cócteles dignos de la gran manzana, suficientemente abastecidos de los mejores licores (ginebras, rones y whiskies), pero a la bodega de vinos todavía le hace falta un cualitativo y variado refuerzo. Volveremos, con las fluctuantes directivas del Casino alicantino nunca se sabe.

Restaurante Real Liceo Alicante

C/ Passeig Esplanada d'Espanya 16, 03001 Alicante

Teléf.: 965 20 76 29

Precio medio: 45-55 €

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No cierra ningún día