| 21 de Noviembre de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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Pablo Díaz
Pablo Díaz

Hannón, la palabra con la que Antena 3 hizo creer que Pablo ganaba "Pasapalabra"

El concurso presentado por Roberto Leal ha tenido expectantes a los espectadores durante todo el programa de este jueves. Sin embargo, el participante no se ha hecho millonario.

| Milagros Martín-Lunas Medios

 

 

"Con la H, nombre del militar cartaginés de siglo III AC, apodado El Grande y partidario de la paz con Roma". Pablo Díaz ha pasado cuatro veces antes de contestar la última palabra del rosco. "Hieron". Nooooooo. Hannón. La palabra que valía 1.294.000 euros y con la que Pablo Díaz se ha quedado a una de ganar el primer bote de Pasapalabra de esta segunda vuelta en Antena 3. Nada más y nada menos que 1.294.000 euros (brutos).

Que el tinerfeño se lo merecía, nadie lo duda. Lo que resulta discutible es la cantinela constante, el cebe infinito con el que la cadena ha dado a entender que Díaz se alzaba con el premio gordo. Acción publicitaria absolutamente lícita, que busca captar más audiencia (si cabe), pero que, a los admiradores del rosco, entre los que me encuentro, nos ha sentado como una patada en la boca del estómago.

No, así no. Al paso que van las audiencias de Pasapalabra el minuto de oro está asegurado gracias al tamaño del bote y al carisma de los concursantes. A mayor bote, mayor audiencia. Cuantos más programas superen, más se encariñan los espectadores con los protagonistas del rosco. Esto no deja de ser un silogismo básico que no necesita demostración.

Desde mi humilde opinión, creo que no hacía falta montar esta tangana. El éxito de los concursos de televisión, desde el Un, dos tres hasta nuestros días es la intriga, la tensión y la curiosidad que transmiten al espectador. ¿Se llevarán la Ruperta, el coche o el apartamento en Benidorm? ¿Contestará las 15 preguntas que le harán millonario? ¿Acertará el precio justo? ¿Se llevará Pablo el bote de una vez?

Pablo Díaz

¡Menudo chasco! El tembleque y las lágrimas de Pablo han salido hasta en la sopa. Desde hace unos días tengo grabada en la memoria la camiseta gris con la que Pablo no se ha llevado el rosco. "Muy pronto va a pasar algo". Y me dirán que no es un spoiler, que lo dejan abierto, que puede que falle y se convierta en la novena vez (en Antena 3) que Pablo se quede a una del rosco. Y así fue.

Pues nada, mañana seguro que el concurso se hace con el minuto de oro y los admiradores del joven Pablo Díaz contaremos de nuevo con su presencia. Pablo Díaz es desde hace años parte de la familia de muchos españoles. Concretamente desde 2017. Lo conocemos todos los que desde hace 20 años vivimos enganchados al rosco. Tenía 19 años cuando debutó en Pasapalabra (en Telecinco). Se convirtió en el concursante más joven de la historia del programa, en su primera participación permaneció 47 días y rozó el bote en más de una ocasión.

Pablo rezumaba una madurez impropia a su edad. Confesó que llevaba leyendo el diccionario de la lengua española y estudiando para participar en Pasapalabra desde los 18. En 47 jornadas, Pablo sedujo a la audiencia, se la metió en el bolsillo y se convirtió en lo más parecido al nieto, hijo, hermano o novio perfecto. Estableció un vínculo con los espectadores que hoy le ha convertido en el talismán de Antena 3.

 

Desde niño, Pablo veía el rosco con su abuela, ella le empujó y le animó para que se presentara al casting de la FNAC de Callao. "Contesté dos roscos escritos y un par de roscos orales, ante la cámara. Había que pasar de 20 aciertos para ser seleccionado". Acertó 22 en el escrito y 21 en el oral. Ya apuntaba maneras.

Pablo Díaz es más que un aplicado concursante de Pasapalabra. Su nombre forma parte del olimpo de los récords: además de su juventud, es el concursante que más programas ha encadenado (172) y el que más segundos extra ha conseguido para asaltar el rosco (100). Ahí queda eso.

Nacido en Tenerife un 5 de febrero de 1997, ha crecido en Madrid, es un enamorado de las palabras, apasionado de la literatura y un virtuoso intérprete. Lleva la música en el ADN. Hijo de un concertista y de una profesora de piano infantil y musicoterapeuta, comenzó a estudiar violín a los cinco años, con seis se inició también con el piano. Tenía 16 años cuando se matriculó en la Escuela Superior de Música Reina Sofía (no olvidemos que el ciclo superior de violín no se puede comenzar hasta los 18). Una vez cumplida la mayoría de edad, este Mozart a la española pudo oficializar sus estudios. En 2016 obtuvo una beca pare el grupo de cámara que había formado dos años antes, lo que le permitió dar conciertos por toda la geografía española.

Todo esto lo ha alternado con su preparación para el concurso. "Tenía claro que, si no estudiaba específicamente para el programa, no haría nada. Pasapalabra es más difícil que otros concursos, es de chapar, como una oposición". Con el dinero del rosco, que sin duda algún día será suyo, lo único que pretende es ayudar a sus padres y comprar tiempo para estudiar. Ánimo campeón. Si tú no puedes, no puede nadie.