| 26 de Enero de 2023 Director Antonio Martín Beaumont

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Estas son las 5 joyas más valiosas del mundo

Están al alcance de muy pocos, y alguna de ellas viene con maldición incluida

| Edel Uve Moda/Tendencias

Piezas exclusivas con un valor de decenas de millones de euros. Cada una de ellas luce un diamante único, y en muchos casos sus dueños prefieren permanecer en el anonimato. 

Si te gustan las joyas y te apetece soñar un rato, no te pierdas la historia de las cinco más caras, espectaculares y fabulosas del mundo.

L’Incomparable – 49 millones de euros

Este collar diseñado por el famoso joyero Mouawad en 2012, está elaborado en oro rosa y más de 730 quilates de diamantes, 407 de los cuales corresponden uno de los diamantes amarillos más grandes del mundo, considerado además como el más perfecto que existe y que fue hallado entre una pila de escombros de una mina del Congo en 1980. La primera vez que esta asombrosa pieza se presentó al público fue en el décimo aniversario de la Exhibición Doha Jewellery and Watch celebrada en Qatar en 2013 y actualmente está en manos de un particular asiático.

Oppenheimer Blue – 51,3 millones de euros

Sin duda, este anillo es una de las piezas de joyería más fabulosas del mundo. Su impresionante diamante azul, el mayor Fancy Vivid del mundo, de talla esmeralda tiene un peso de 14,62 kilates, y procede de las minas de De Beers en Sudáfrica. 

Su primer propietario fue Philip Oppenheimer, antiguo responsable del Sindicato de Diamantes de Londres: Hoy en día se desconoce quién pagó esa fortuna por él cuando se subastó hace unos años en Christie’s

Pink Star – 67,17 millones de euros

Hablamos de un diamante rosa procedente de una piedra en bruto de 132 quilates, que se tardó más de dos años en cortar y pulir en el taller Steinmetz hasta conseguir esta maravilla de forma ovalada, libre de impurezas y de casi 60 quilates. Tras ser subastada en 2017 en Hong Kong por un valor de 71,2 millones de dólares, el Pink Star pasó a ser propiedad de Chow Tai Fook Enterprises, uno de los conglomerados de empresas de Hong Kong con más peso en el sector de la joyería, el inmobiliario y el de los casinos

Peacock Brooch de Graff – 94,3 millones de euros

Creado por Laurence Graff, este es seguramente el broche más caro en la historia reciente de la joyería. Su original forma de Pavo Real, es la que le da el nombre. Las plumas de la cola están formadas por más de 1.300 diamantes blancos, amarillos, naranjas y azules, mientras que el cuerpo es un diamante azul con forma de pera de 20.02 quilates,. El Broche Peacock de Graff Diamonds se presentó en la mayor feria de arte, antigüedades y diseño del mundo, la TEFAF, en 2013 y ese mismo año se puso a la venta por primera vez Actualmente se desconoce quién es el propietario del Peacock Brooch.

Diamante Hope – Valorado en más de 283 millones de euros

Desde luego esta joya es espectacular, pero su diamante, de rara coloración azul provocada por átomos de boro que al alejarse de una fuente luminosa desprende matices rojos no es ni el más puro, ni el más grande, ni el que más quilates tiene. Sin embargo, la leyenda maldita que arrastra desde que fue descubierto en India, la ha convertido en una de las joyas más valiosas ( si no la más) del mundo. 

Que se sepa,  el diamante Hope ha pasado, con diferentes engarces por más de 24 dueños, y todos acabaron fatal, entre ellos la reina María Antonieta de Francia, que murió en la guillotina, Catalina la Grande, que falleció de un infarto al día siguiente de estrenarlo, el rey Jorge IV de Inglaterra que lo mandó incrustar en su corona y a los pocos meses se volvió loco, el banquero Sir Henry Hope, del que toma el nombre y que a pesar de contratar a un grupo de espiritistas no consiguió librar a su familia de la maldición ya que todos murieron de una forma repentina. 

En 1949, un joyero experto en diamantes, Harry Winston, compró el Diamante Hope, le realizó cortes geométricos para aumentar su brillo y lo donó al Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsonian de Washington. Por cierto, Harry Winston, murió poco después de un infarto, y el mensajero que lo llevó hasta el museo falleció víctima de un atropello.