Page vuelve a hacerse el ofendido con Sánchez por el terrorista que compareció en el Congreso
Otra vez, el papel habitual del presidente castellano-manchego: lanzar críticas contra el Gobierno de Pedro Sánchez para luego, como siempre, alinearse con el partido sin que haya consecuencias reales
El presidente castellano-manchego, Emiliano García-Page
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha vuelto a interpretar su papel habitual: lanzar críticas contra el Gobierno de Pedro Sánchez para luego, como siempre, alinearse con el partido sin consecuencias reales. En esta ocasión, su blanco es la comparecencia del terrorista yihadista Mohamed Houli Chemlal en el Congreso, facilitada por una cesión del PSOE a Carles Puigdemont.
Page no ha escatimado en palabras para desmarcarse de la decisión del Ejecutivo, calificándola como una concesión inadmisible a los "caprichos" del prófugo expresidente catalán. Sin embargo, más allá de su retórica indignada, su posicionamiento real sigue la misma pauta de siempre: ruido mediático para aparentar autonomía, pero sumisión total cuando se trata de votar en línea con Ferraz.
La jugada de Page es una estrategia ya conocida dentro del PSOE. Su discurso está diseñado para conectar con un electorado socialista más conservador, que ve con recelo los pactos con el independentismo. Sin embargo, esta postura crítica nunca se traduce en hechos concretos que pongan en peligro la hoja de ruta de Sánchez. Sus palabras se pierden en el vacío cada vez que llega el momento de actuar.
El juego político
No es la primera vez que el barón manchego intenta equilibrar su imagen entre la lealtad al partido y la simulación de independencia. Desde la ley de amnistía hasta las negociaciones con Junts, ha jugado a ser la voz crítica del PSOE para, finalmente, aceptar cada decisión de Moncloa sin oponer resistencia real. Una impostura política que ya pocos creen.
El caso de la comparecencia del terrorista Mohamed Houli Chemlal es un ejemplo más de este doble juego. Mientras Page denuncia la humillación que supone para las víctimas, su partido ha permitido que este episodio tenga lugar sin que él haya movido un dedo para impedirlo. Su indignación parece más un ejercicio de cálculo político que una verdadera disidencia.
En Ferraz conocen bien el guión de Page y saben que, pese a sus quejas, seguirá siendo un soldado disciplinado del PSOE. La cuestión es cuánto tiempo más podrá sostener esta farsa sin que sus votantes terminen viendo lo evidente: sus críticas nunca pasan de las palabras y su lealtad a Sánchez sigue intacta.