CASO PSOE

Sánchez lo sabe: el PSOE se desangra porque mujeres y jóvenes le dan la espalda por falso feminismo y corrupción

Las corruptelas del caso PSOE que tienen a los dos ex secretarios de Organización socialistas totalmente acorralados por la Justicia, el machismo interno que ha hecho y deshecho tanto en Ferraz como en Moncloa y la impunidad de altos cargos hunden la imagen de Pedro Sánchez entre sus dos principales caladeros de voto: el electorado femenino y los menores de 35 años. Nadie duda que los beneficios que Sánchez habría obtenido de los negocios de la prostitución de su familia también le pasarán factura al líder socialista y al partido.

Pedro Sánchez, en el Comité Federal del PSOE. Tras él y María Jesús Montero, Paco Salazar.Carlos Lujan

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La imagen en la que Pedro Sánchez se encierra con las mujeres socialistas pocas horas antes de la celebración del último Comité Federal será difícil de olvidar. Además de ser otra puesta en escena a la que se le vieron las costuras antes incluso de producirse, sirve para constatar lo que es un secreto -otro- a voces en el seno de las filas socialistas: el postureo feminista está dando más problemas que soluciones. 

Para el recuerdo y la hemeroteca también va a quedar la fotografía de Pilar Alegría, ministra portavoz, de ese encuentro previo a la implosión del escándalo Salazar, que ella misma publica en redes con estas palabras: "Somos socialistas porque somos feministas. Ni un paso atrás, compañeras. Ni uno."

Para todos aquellos que siguen con detalle el espectáculo que, desde hace meses, se ofrece bajo las siglas del Partido Socialista Obrero Español es imposible no recordar a José Luis Ábalos, cuando Pilar Alegría mete en la misma frase socialistas y feministas. 

Al margen de la salvedad en la que el exministro de Transportes y hombre fuerte de Sánchez en una época que Ferraz trata de borrar cambia el orden de las palabras, ambos buscan el mismo sentido: atraer a las mujeres a los postulados de este Partido Socialista, que poco o nada tiene que ver con el de antes. 

Decía el primero de los dos ex secretarios de Organización caídos en desgracia: "Soy feminista porque soy socialista". A tenor de los acontecimientos e informaciones que se han ido revelando de unos meses a esta parte, nada más hay que añadir. Aunque las consecuencias están ahí. Muy presentes. Demasiado.

El escudo feminista del 'sanchismo' ya no blinda al todavía presidente del Gobierno y aún secretario general del PSOE. La imagen de Pedro Sánchez se hunde entre las mujeres y los jóvenes, precisamente los segmentos que lo salvaron del naufragio el 23-J. A golpe de escándalo -con Ábalos, Koldo, Cerdán o Salazar como protagonistas-, el Partido Socialista ve cómo su suelo electoral se agrieta por donde antes crecía. 

Y, por cierto, habrá que ver el efecto dominó que provoca también en la parroquia de la izquierda las publicaciones sobre los beneficios que habría obtenido y disfrutado el propio Pedro Sánchez gracias a los negocios de prostitución que durante tantos años explotaron en el entorno de su familia y que tanto rédito económico les dio. 

Además de las dos viviendas en las que ha residido la familia Sánchez Gómez -Pozuelo de Alarcón y Mojácar- hasta hacer la mudanza al Palacio de la Moncloa, ya hay algún medio de comunicación que apunta este sábado a que el líder socialista habría sufragado las campañas de las primarias del PSOE con el dinero que Sabiniano Gómez, su suegro, le habría facilitado. Unas cantidades económicas que habrían salido precisamente de esos lucrativos negocios en los que, además de mujeres prostituidas, también había hombres jóvenes, como ya han explicado con detalle varios empleados de las saunas y prostíbulos entrevistados en Telemadrid esta misma semana. 

Los datos están ahí... pero las mujeres y los jóvenes, no

Pedro Sánchez prometió un Gobierno feminista, aunque los datos demoscópicos desmienten que esa etiqueta siga funcionando como salvoconducto político. De hecho, la encuesta de Sigma Dos para El Mundo, publicada este sábado, lo certifica: la valoración del presidente entre las mujeres ha caído en picado del 3,7 al 2,9 en apenas un año, mientras que entre sus propios votantes ha pasado del 6,5 al 5,4. La decepción entre las bases es tangible, y la erosión entre el electorado femenino, profunda.

El daño no es solo de percepción. Según el último barómetro del CIS, uno de cada cuatro jóvenes y mujeres que apoyaron al PSOE en 2023 ya ha abandonado la marca 'sanchista'. 

¿Por qué será? La razón tiene nombres propios y un patrón evidente: corrupción, abuso de poder y un rastro de silencio cómplice en Ferraz. La explosión del caso Koldo viró al caso Ábalos, se convirtió en el caso Cerdán y ya es el caso PSOE. Lo que indican estos hechos es que no se trata de una anécdota o de dos o tres personas -como se afanan por repetir desde la madrileña calle Ferraz-: es una mancha estructural, que apunta mucho más arriba y que desliza la posible financiación irregular del Partido Socialista.

Además de las supuestas mordidas y comisiones, la tormenta se agrava con el escándalo en torno a Francisco Salazar, asesor muy próximo al presidente del Gobierno, señalado por presunto acoso a trabajadoras de su entorno 'monclovita' y también en la sede nacional de la organización. En otro tiempo, un caso así habría desatado una ofensiva pública del socialismo y de toda la izquierda en su conjunto. Hoy, el silencio atronador de todas las partes demuestra que la doctrina de la supervivencia ha sustituido al principio ético. 

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El 23 de julio de 2023, cabe recordar que Alberto Núñez Feijóo ganó las elecciones generales. Eso sí, Sánchez resistió gracias a las mujeres y los menores de 35 años. Mientras la derecha arrasaba en buena parte del territorio, el PSOE mantuvo sus escaños apoyado en un voto urbano, joven y progresista que ahora empieza a mostrar síntomas de hartazgo. Los graneros que evitaron el colapso hoy son los que más rápido se vacían. Y, según voces conocedoras de la que se avecina, aún no ha llegado lo peor de la tormenta.