se barajan tres teorías sobre lo ocurrido

Los Galindos: Cincuenta años del crimen perfecto de la crónica negra española

El 22 de julio de 1975 cinco personas fueron halladas muertas de forma violenta en un cortijo sevillano en la localidad de Paradas. La investigación estuvo repleta de errores y todas las opciones llegaban a caminos sin salida. 

Pintada aparecida en las paredes del cortijo.Archivo

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Hace medio siglo los españoles se encaminaban hacia el final del franquismo. Era fácil de prever la muerte del dictador pero no lo que pasaría después. Ese verano de 1975 la salud de Franco se convirtió en fuente de rumores. Pero de los que no se publicaban en la prensa, claro. En los papeles se hablaba del romance de la tonadillera Rocío Jurado con el campeón de boxeo Pedro Carrasco y del nuevo sex-symbol patrio, la belleza importada Nadiuska que llenaba los cines con Zorrita Martínez. En la radio sonaba Camilo Sesto con Melina, una canción dedicada a la diva griega Melina Mercouri.

Sin embargo, ese verano una suceso impactaría a la sociedad española y marcaría un antes y un después en la crónica negra. A las tres de la tarde del 22 de julio de ese año 1975 hubo un incendio en el cobertizo de un cortijo. El conocido como Los Galindos, perteneciente a la localidad de Paredes en Sevilla y propiedad de los marqueses de Grañiña. El calor de esa jornada era inaguantable. Los termómetros registraron temperaturas de hasta 49 grados y los peones de la finca acudieron Posadas para advertir a los números de la Guardia Civil. Cuando los representantes de la Benemérita se personaron en el lugar los braceros intentaban sofocar un fuego y detectaron un fuerte olor a gasóleo.

El fuego no impidió descubrir un reguero de sangre en el camino a la casa del capataz. Un rastro de sangre que los agentes siguieron y que se perdía en una habitación. Dentro encontraron el cuerpo sin vida de Juana Martín, de 53 años y mujer del capataz. No se imaginaban que la orgía de muerte acababa de empezar. La cabeza de Juana estaba destrozada y presentaba heridas realizadas con un pajarito, una herramienta de hierro utilizada habitualmente en el campo.

Con la extinción del fuego se descubrieron dos cadáveres más. Pertenecían al tractorista José González Giménez (27 años) y a la esposa de este Asunción Peralta Montera (34 años) que se encontraba embarazada de seis meses. Más apartado encontraron el cuerpo de Ramón Padilla González (40 años) peón de la finca al que habían disparado por la espalda. Llevaban cuatro muertos.

Tres días después aparecería un quinto cadáver. Se trataba de Manuel Zapata (53 años) capataz de la finca y exlegionario. En un principio las hipótesis apuntaban a él como autor de las muertes de los cuatro anteriores. Sin embargo, nada parecía claro y tanto la Policía como el Juez se presentaron en el escenario mucho más tarde que la prensa, incluido un equipo de Televisión Española que agrandó el caso y lo convirtió en la noticia del verano. Todo el país especulaba con qué había pasado en este cortijo sevillano.

La imagen de la administración de Justicia fue negativa ante unos medios de comunicación que alimentaban el caso. El juez titular de Marchena, al que correspondía el caso no acudió por no estar cubierta su plaza lo que hizo que el asunto pasara al Juzgado de Carmona que, a su vez, tardó 24 horas en presentarse por encontrarse de vacaciones en Écija. En esa época no existían los protocoles actuales y se actuaba casi de forma improvisada.

Por no haber, no hay ni sumario. El juzgado que lo custodiaba sufrió un derrumbe y se perdió. Con lo cuál sólo hay fuentes hemerográficas. Desde hace medio siglo son varias las teorías que han circulado sobre qué sucedió ese día de julio de 1975 en el cortijo de Los Galindos.

La teoría del marqués

El dueño de la finca, Gonzalo Fernández de Córdova y Topete, marqués de Grañina fue puesto en el punto de mira de los medios de comunicación casi de inmediato. Fue en gran parte por su actitud altiva con la prensa y por su comportamiento extraño. Se había hecho con la finca y raramente pernoctaba en ella. Sin embargo, lo hizo en las dos noches posteriores al crimen.

La teoría de los legionarios

Fue posiblemente la más popular durante años. Fue le propio marqués quien comenzó a difundirla harto del acoso de la prensa. El aristócrata acudió a la Guardia Civil y aseguró que dejó dormir a nueve legionarios en su finca que venían de haber participado en Madrid en el desfile del 18 de julio. La Guardia Civil localizó a ocho de los legionarios en Ceuta y al noveno en Barcelona y demostraron que el día que se cometieron los crímenes ya no estaban en la finca.

Pintada aparecida en las paredes del cortijo.Archivo

Esta teoría tiene una derivada que tiene que ver con la droga. Fue el escritor Alfonso Grosso quien hizo que esta versión fuer ala más conocida a través de su novela Los invitados que incluso fue llevada con éxito al cine en 1987 con Lola Flores y Amparo Muñoz en los papeles principales. Según esta versión uno de los trabajadores se había conchabado por un exlegionario para plantar droga en la finca a sabiendas de que el marqués casi nunca dormía en la finca. Según el argumento, el capataz descubrió la plantación y así comenzaron a sucederse los crímenes en una jornada siniestra. Supuestamente, el exlegionario que plantaba la droga huyó de la escena y nunca más se supo.

Teoría del crimen pasional

Esta fue apuntada al principio por la Guardia Civil y apuntaba a una serie de asesinatos motivados por celos. En plan folletín, según esta teoría: el asesino habría sido José González, el joven tractorista, que estaría enfrentado al capataz por impedir su noviazgo con una de sus hijas y tras matar a los tres trabajadores y luego bajó hasta el pueblo para buscar a su mujer a la que mató también en Los Galindos. Por último, se suicidó lanzándose a la pira que él mismo había creado. Los medios nunca tuvieron en cuenta esta teoría como verídica y afirmaban que los responsables de la investigación la crearon al ver que desde el principio se encontraban en un callejón sin salida.

La teoría del 'trigo negro'

Es la que más fuerza ha ganado en los últimos tiempos. Según esta el marqués y su administrador, Antonio Gutiérrez, especulaban con una parte del trigo sin hacerlo constar en el Servicio Nacional de Distribución Agraria como marcaba la legalidad en ese momento. Según esta teoría el capataz, Manuel Zapata, se habría enterado de esta situación y habría amenazado al marqués con acudir al padre de la marquesa, verdadero dueño de la finca.

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Supuestamente el aristócrata habría contratado a un profesional para amenazar a Zapata, pero el asunto se habría complicado hasta derivar en cinco muertes. Esta teoría está defendida por el propio hijo de los marqueses, Juan Mateo Fernández de Córdova que la ha defendido en un libro (El crimen de Los Galindos: Toda la verdad) que aseguraba que había también la intención de tapar un fraude económico en la cooperativa olivarera en Paradas en la que participaba el marqués.