CRÍTICAS A ALANDETE

Puente desata otra tormenta en RTVE: ataque al periodismo libre y nuevo bochorno diplomático

El ministro Óscar Puente ha desatado una nueva polémica tras acusar al periodista David Alandete de actuar como “operador político” por una pregunta a Donald Trump en la Casa Blanca, generando una oleada de críticas del sector periodístico y diplomático.

Óscar Puente en RTVE

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Óscar Puente lo ha vuelto a hacer. El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, convertido ya en uno de los personajes más polémicos del Gobierno de Pedro Sánchez, ha arremetido con dureza contra el periodista David Alandete, corresponsal de ABC y Telemadrid en Estados Unidos. El motivo: una pregunta incómoda dirigida a Donald Trump sobre el compromiso de España con la OTAN.

Lo que debería haber sido un ejercicio normal de libertad de prensa se transformó, gracias a Puente, en un episodio vergonzoso. Desde la televisión pública, el ministro se permitió tachar a Alandete de “operador político”, insinuando que su labor profesional era “antipatriótica” y movida por “intereses políticos”. Un ataque impropio de un miembro del Gobierno, que demuestra una preocupante intolerancia hacia cualquier voz crítica.

Puente contra la prensa: una costumbre peligrosa

No es la primera vez que Óscar Puente protagoniza un encontronazo con periodistas. Su historial de descalificaciones en redes sociales, su tono agresivo y su desprecio hacia la crítica se han convertido en marca de la casa. En esta ocasión, sin embargo, ha traspasado una línea especialmente sensible: la del respeto institucional hacia la libertad de prensa.

La Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ha reaccionado con contundencia, condenando las palabras del ministro y recordando que “los representantes públicos deben respetar el ejercicio libre del periodismo, incluso cuando las preguntas resulten incómodas”. Algo que, por lo visto, Puente no termina de entender.

Mientras tanto, en el ámbito mediático, las declaraciones del ministro han sido recibidas con indignación. Numerosos periodistas han recordado que cuestionar a los poderosos —sean españoles o extranjeros— es precisamente la esencia del periodismo, no un acto “antipatriótico”.

De la diplomacia al ridículo político

El incidente, además, llega en un momento particularmente delicado para el Gobierno. Las relaciones entre España y Estados Unidos atraviesan un periodo de tensión tras las advertencias de Donald Trump de imponer aranceles si España no eleva su gasto en defensa hasta el 5% del PIB. En ese contexto, las palabras de Puente no solo suponen un ataque a la prensa, sino un nuevo tropiezo diplomático que deja en evidencia la falta de prudencia política del Ejecutivo.

Lejos de actuar con mesura, Puente ha decidido convertir un ejercicio periodístico legítimo en una batalla personal, reflejando el estilo confrontativo que tanto daño está haciendo a la imagen del Gobierno. Cada intervención suya, más que aclarar, añade ruido y crispación.

Libertad de prensa bajo fuego amigo

Resulta irónico que sea precisamente un ministro del Gobierno quien cuestione la legitimidad del periodismo libre, mientras desde Moncloa se presume de “pluralismo y transparencia”. El caso Alandete revela hasta qué punto algunos miembros del Ejecutivo confunden la crítica con la traición y la rendición de cuentas con el ataque político.

Alandete, por su parte, ha mantenido la serenidad. Desde Washington, se limitó a señalar que su labor “es hacer preguntas, no agradar a nadie”. Una lección de profesionalidad que contrasta con el tono airado del ministro.

Un síntoma del Gobierno Sánchez

Lo ocurrido con Puente no es un hecho aislado, sino un síntoma de algo más profundo: un Gobierno que no tolera bien las preguntas incómodas y que reacciona con soberbia ante cualquier señal de escrutinio mediático. El problema no es un ministro desbocado, sino una cultura política que premia el ataque y desprecia la autocrítica.

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Mientras el periodismo cumple con su deber de preguntar, el poder parece empeñado en señalar, descalificar y dividir. Y en ese juego peligroso, la víctima no es un periodista: es la libertad de todos.