El PNV se entrega a Sánchez: critica el "circo" del Senado y sigue negociando los PGE
El partido vasco evita la confrontación directa con el Gobierno y reafirma su disposición a pactar las cuentas estatales de 2026, mientras sus críticas a Sánchez se reducen a gestos calculados sin impacto político real
Imanol Pradales y Aitor Esteban, durante la celebración del 130 aniversario de la fundación del PNV.
El PNV ha dejado claro en los últimos días cuál es su prioridad: mantenerse cerca del Gobierno central y evitar capítulos de confrontación que puedan poner en riesgo la hoja de ruta alcanzada con Moncloa. Esa posición quedó plasmada en la reacción de sus portavoces tras la comparecencia de Pedro Sánchez en la comisión parlamentaria sobre el “caso Koldo”: “No participamos en circos político-mediáticos”, dijo Maribel Vaquero en el programa Parlamento, de RNE, para justificar la ausencia del partido en la sesión.
La frase sintetiza la estrategia: distanciarse del rifirrafe público, quitarse del foco y, en paralelo, mantener las vías de negociación abiertas. Vaquero fue aún más explícita sobre el valor político que otorgan a la comparecencia: “No contó nada nuevo que no hubiéramos oído ya”, y calificó la intervención como un episodio de “insultos” y “descalificaciones” que, a su juicio, aportan poco al interés general.
Esa voluntad de distancia se combina con una disposición práctica: el PNV ha instado al Ejecutivo a que presente cuanto antes los Presupuestos Generales del Estado de 2026 y ha dado señales de que su apoyo a la negociación es “prácticamente por hecho”. Fuentes del partido repiten que la legislatura necesita cuentas para dar estabilidad y que, pese a la salida de aliados como Junts, el acuerdo es posible si se abordan cuestiones esenciales para Euskadi. Aitor Esteban, en esa línea, llegó a advertir semanas atrás que “sin mayorías ni presupuestos el Congreso no es muy sostenible”.
Cálculo local
Esa doble táctica —no reclamar portadas y asegurar pactos— tiene un coste: alimenta la percepción de que el PNV prefiere la cercanía con Moncloa a situarse como contrapeso exigente. L ecuación es clara: la formación jeltzale ha optado por la estabilidad negociada frente a la confrontación pública, aunque esa estabilidad implique ceder protagonismo político. A cambio, claro, exige "lo suyo", que se cumplan los acuerdos de legislatura que pivotan sobre una exigencia clave: autogobierno.
En el mapa político vasco, esa opción también obedece a un cálculo local: el PNV busca proteger su espacio ante la pujanza de Bildu, y entiende que la colaboración con el Gobierno ofrece resultados concretos para Euskadi.
Queda por ver si la apuesta del PNV —alejarse del “circo” y aferrarse a las cuentas— le dará réditos electorales y administrativos en el País Vasco o si, por el contrario, le pasará factura en las próximas autonómicas y municipales.