María Guardiola frente a la pinza PSOE-Vox

(Foto de ARCHIVO) La presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola (d), y el presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo (i), durante un mitin del PPen Extremadura (España). Europa Press

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La campaña extremeña ha arrancado con una evidencia que se nota en plazas, cafés y, de momento, actos pequeños: Guardiola cambió el ritmo. El PSOE y Vox quieren cambiar el resultado.

En un bar de Almendralejo, un autónomo lo resumía ayer, día de la Inmaculada, con una naturalidad dolorosa: “Aquí llevamos esperando toda la vida; por primera vez ha empezado algo y ya lo quieren parar”.

Extremadura ha pasado demasiados años esperando. A veces, incluso resignándose. Pero desde hace algo más de dos años, las cosas se mueven: inversión, vivienda, empleo, industria.

Y eso, en una tierra acostumbrada al “luego”, ya es revolución. Por eso esta campaña no es normal: es una disputa entre quien está construyendo y quien quiere detener.

El PSOE llega con el candidato socialista Gallardo —imputado, nervioso, sin relato— vendiendo “nuevo ciclo” cuando su partido dejó cuatro décadas de ciclo agotado. En Zafra, por la tarde, un antiguo militante del PSOE maldecía entre dientes:

“Esto no es ilusión, es miedo a Vox”.

Y ese es el drama: el PSOE no moviliza por convicción, sino por pánico prestado desde Madrid.

Vox, mientras tanto, juega a lo suyo: no propone gobernar, propone bloquear. No aspira a vencer, aspira a decidir quién no gobierna. Traducido: si no hay mayoría clara, habrá pinza. Otra vez.

Porque conviene recordarlo: estas elecciones existen porque Vox votó con el PSOE. No para cambiar el gobierno, sino para que no gobernara María Guardiola.

Extremadura ha perdido meses enteros en discusiones, vetos y parálisis. En muchos pueblos lo recuerdan como un invierno político que parecía no terminar. Y ahora vuelven con el mismo plan.

Por eso el 21 de diciembre no va de “izquierda o derecha”. Va de gobierno o bloqueo. De mayoría amplia o mediocridad. De Extremadura o despachos en Madrid. María Guardiola no ha venido a hacer ruido —aunque responda cuando toca—. Ha llegado a trabajar: campo, vivienda, jóvenes, autónomos. Política de verdad: esa que no se glamuriza, pero se nota.

El dilema es sencillo: si Extremadura no le da una mayoría fuerte, no habrá gobierno. Habrá excusas, pinza y otra legislatura perdida. Y esta tierra no necesita ruido. Necesita rumbo.

Extremadura ya arrancó. Y sería mala cosa que ahora la volvieran a parar.