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El PSOE se lava las manos ante la detención de Leire Díez y activa su modo “no es de los nuestros” para esquivar responsabilidades

La diputada del PSOE Montse MínguezEuropa press

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El PSOE ha tardado segundos, no minutos, en activar su guion de emergencia: desmarcarse, minimizar y cerrar filas. La detención de Leire Díez por presuntas irregularidades en contrataciones de la SEPI ha provocado una reacción automática en Ferraz: “No es militante”. Una frase que ya funciona como salvoconducto para cualquier escándalo que roce el perímetro del poder socialista.

La portavoz de la Ejecutiva, Montse Mínguez, apareció en los pasillos del Congreso con un mensaje tan previsible como calculado. Ni una palabra sobre fallos de control, ni una reflexión sobre el funcionamiento de la SEPI, ni una mención al deterioro constante de la credibilidad de los organismos públicos gestionados bajo la influencia del Gobierno. Solo el mantra de manual: “Respeto absoluto” a la Guardia Civil y a la Justicia.

Traducción: no vamos a decir nada, no vamos a explicar nada y, sobre todo, no vamos a asumir nada.

Lo llamativo no es solo la reacción exprés, sino la frialdad con la que el PSOE intenta convertir la condición “no militante” en un muro de contención. Como si el problema fuera el carné del partido y no el entorno administrativo y político que ha permitido que la SEPI vuelva a quedar bajo sospecha. Como si bastara repetir “no es de los nuestros” para borrar cualquier sombra sobre un organismo público bajo supervisión de un Gobierno socialista.

La operación, coordinada por la Audiencia Nacional con la Fiscalía Anticorrupción, permanece bajo secreto de sumario. Pero el PSOE no ha necesitado conocer un solo detalle del procedimiento para deslizar que el asunto no tiene nada que ver con ellos. Una estrategia que ya resulta demasiado familiar: cuando estalla un problema, el partido se escurre; cuando hay éxito, es mérito propio.

Con la SEPI otra vez en el ojo del huracán, la dirección socialista opta por el silencio táctico, confiando en que la investigación judicial absorba todo el protagonismo mientras ellos pasan página. Y, una vez más, la transparencia brilla por su ausencia.

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El mensaje final de Mínguez —“Es el tiempo de la Justicia”— suena más a cierre de persiana que a compromiso de esclarecer lo ocurrido. Para el PSOE, la prioridad parece clara: poner tierra de por medio lo más rápido posible. Que la responsabilidad política la asuman otros, si alguien lo hace.