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Oficial: elecciones en Aragón el 8 de febrero y crisis en Moncloa

El Gobierno de Jorge Azcón anuncia comicios en 2026 ante la falta de apoyos para sacar los presupuestos

El presidente de Aragón, Jorge Azcón, presenta los Presupuestos

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La política aragonesa vuelve a convertirse en epicentro del tablero nacional. La decisión de Jorge Azcón de convocar elecciones anticipadas para febrero ha desatado una onda expansiva que golpea directamente a La Moncloa, precipitando la salida de Pilar Alegría del Gobierno y abriendo una crisis interna en el PSOE justo en uno de sus momentos más delicados. El adelanto, lejos de ser un episodio regional, se interpreta como un movimiento calculado con repercusiones en toda España.

El movimiento de Azcón y la tormenta en el Gobierno de Sánchez

En una maniobra política con efectos en toda España, Jorge Azcón ha dado el paso que muchos anticipaban pero pocos esperaban tan pronto: su Gobierno autonómico convoca elecciones en Aragón para, previsiblemente, el 8 de febrero de 2026. La ruptura definitiva con Vox en las negociaciones presupuestarias ha dejado al Ejecutivo sin mayoría, activando la primera bomba del año político.

La salida de Pilar Alegría —quien deja el Ministerio y la portavocía del Gobierno para ser candidata en la comunidad— abre una crisis obligada en el gabinete de Pedro Sánchez, además de añadir tensión a un PSOE que ya navega entre escándalos internos y desgaste de imagen.

En el PSOE se nota el nerviosismo a unas elecciones, por eso el pasado lunes lanzó una oferta pública de “mano tendida” al Gobierno del Partido Popular en Aragón. Con Pilar Alegría al frente, los socialistas han anunciado que están dispuestos a facilitar el techo de gasto y a sentarse a negociar los presupuestos de 2026, con la idea de evitar un adelanto electoral y desbloquear unas cuentas que, según ellos, deberían servir para “mejorar la vida de la gente”.

Las encuestas: un tablero abierto y un PSOE a la baja

Según la última encuesta de Sociométrica, el panorama electoral confirma la ventaja amplia del PP, que alcanzaría el 38,2% y entre 30 y 31 escaños, muy por delante de un PSOE estancado en el 23,9% y 17-18 diputados. Vox se mantendría como tercera fuerza con 16,9% y 11 escaños, mientras que el resto del arco parlamentario quedaría fragmentado: IU (4,8%, 2 escaños), CHA (4,7%, 2), Aragón Existe (4,3%, 3), Podemos (3,5%, 1) y un PAR prácticamente residual con 0,9%. Un escenario que, de confirmarse, dejaría a Azcón a un paso de gobernar en solitario o con apoyos muy puntuales.

Encuesta de Aragón

Los primeros sondeos publicados tras conocerse el adelanto —tanto internos como filtraciones de barómetros autonómicos— dibujan un panorama volátil pero con una tendencia clara: el PP de Azcón llegaría como fuerza destacada, aunque sin garantía de mayoría absoluta. Vox experimentaría un retroceso notable, perdiendo el papel decisivo que tuvo hace apenas un año, mientras que el PSOE afronta la cita electoral con una candidata debilitada por la polémica que rodea a Pilar Alegría y con un electorado desmovilizado. Las encuestas coinciden en que la clave volverá a estar en las formaciones minoritarias, que podrían actuar de bisagra en un Parlamento fragmentado. En resumen: ventaja para el PP, riesgo para el PSOE y un escenario propicio para otro ciclo de pactos complejos.

El impacto nacional: crisis de gabinete y efecto dominó

Para el Gobierno central, la pérdida de Alegría no solo deja un hueco difícil de cubrir en la portavocía, sino que obliga a una remodelación ministerial en un contexto especialmente delicado. El adelanto aragonés se interpreta además como el inicio de un posible “efecto dominó” que podría arrastrar a otras comunidades, alterando el calendario electoral y presionando al Ejecutivo de Sánchez en plena erosión parlamentaria.

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La candidatura de Pilar Alegría llega en su peor momento político. Su imagen pública ha quedado fuertemente erosionada tras verse salpicada por la polémica del caso Paco Salazar, el dirigente socialista acusado de acoso sexual y cuya foto junto a la ministra se ha convertido en un símbolo del desgaste que arrastra el PSOE. Aunque Alegría no está implicada en los hechos, la difusión de esa imagen y las acusaciones de que el partido habría tardado en reaccionar han dejado a la candidata “muy tocada” y con una credibilidad mermada justo en la antesala de una campaña electoral que exigirá fortaleza, claridad y liderazgo.