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Yolanda Díaz iba de farol con Sánchez, para variar: de la indignación a pelotearle con un "útil" su reunión

La vicepresidenta segunda y líder de Sumar olvida su dureza de los últimos días por la corrupción y el acoso sexual del PSOE y se muestra satisfecha de su encuentro con el presidente pese a no arrancar nada concreto

Yolanda Díaz besa a Pedro Sánchez en el Congreso

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Yolanda Díaz volvió a demostrar que su dureza retórica dura lo justo hasta que se sienta frente a Pedro Sánchez. Tras días elevando el tono por los escándalos de corrupción y acoso sexual que cercan al PSOE, la vicepresidenta segunda pasó del amago de rebelión a la rendición habitual: la reunión con el presidente fue, según Sumar, “útil”, y poco más. Ni ultimátums, ni exigencias firmes, ni gestos de ruptura.

Después del encuentro mantenido en Bruselas, el propio Pedro Sánchez restó dramatismo a la cita con Yolanda Díaz y dejó claro que no considera desleal que la vicepresidenta segunda pidiera una remodelación del Gobierno. Un mensaje que, en la práctica, desactivó cualquier presión real de Sumar y confirmó que la supuesta indignación de la ministra de trabajo se quedaba, una vez más, en puro teatro.

Desde Sumar intentaron salvar la cara asegurando que Yolanda Díaz trasladó a Sánchez la “gravedad” del momento político y la necesidad de relanzar la legislatura. Sin embargo, el resultado fue el de siempre: ninguna decisión concreta, ningún compromiso público y la asunción explícita de que los cambios en el Gobierno dependen única y exclusivamente del presidente.

La vicepresidenta segunda, que días antes se presentaba como garante de la ética frente a la corrupción y el acoso sexual del PSOE, acabó plegándose al guion habitual: agenda social, impulso a la vivienda y mensajes genéricos sobre el futuro del Gobierno. Mucha retórica progresista y cero consecuencias políticas reales para un PSOE cercado por escándalos. El episodio confirma un patrón ya conocido: Yolanda Díaz amaga con marcar perfil propio, sube el tono ante los micrófonos y, cuando llega la hora de la verdad, se acomoda en el papel de socio leal de Pedro Sánchez. Ni ruptura, ni crisis, ni presión efectiva. Solo una reunión “útil” y una indignación que, como tantas otras veces, se evapora en cuanto se cierran las puertas de Moncloa.

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