Más líos en Belorado: fallece una de las monjas mayores y dan por cerrado su restaurante de clausura
La comunidad cismática de Belorado encadena nuevos reveses en plena crisis: sor Getsemaní, una de las cinco monjas ancianas fieles a la Iglesia que fueron trasladadas por orden judicial del monasterio de Orduña el pasado 18 de diciembre, falleció el viernes 9 de enero a los 89 años en el Hospital Universitario de Burgos tras agravarse su delicado estado de salud.
La exabadesa de Belorado.
Aquí tienes una versión combinada y coherente de los dos textos, integrando la información de ambos de forma fluida y cronológica, manteniendo los hechos clave, las perspectivas involucradas (la oficial de la Iglesia y la de las exclarisas a través de su portavoz) y evitando repeticiones innecesarias: Sor Getsemaní, una de las cinco monjas clarisas de avanzada edad (89 años) que no secundaron el cisma del monasterio de Santa Clara de Belorado, falleció la noche del viernes 9 de enero de 2026 en el Hospital Universitario de Burgos (HUBU), donde había sido ingresada por su grave estado de salud.
Tras el ingreso, residió brevemente en el monasterio de Castil de Lences (Burgos), donde se celebró un funeral privado el domingo 11 de enero, limitado a la comunidad que la atendió y a sus familiares, de común acuerdo entre el Comisario Pontificio (el arzobispo Mario Iceta), la Federación de Clarisas Nuestra Señora de Aránzazu, el monasterio de Castil de Lences y la familia.
Sor Getsemaní, junto a sor Adoración, sor Lucía, sor Pilar y sor Pureza (la anterior abadesa de Belorado), formaba la comunidad legítima reconocida por la Iglesia Católica en los monasterios de Belorado, Orduña y Derio, al no apoyar la ruptura con la Santa Sede liderada por Laura García de Viedma (excomulgada junto a otras).
Estas cinco religiosas ancianas (de entre 87 y 101 años) vivieron décadas en el convento de La Bretonera (Belorado) hasta que, en agosto de 2025, fueron trasladadas discretamente al monasterio de Orduña junto a las monjas cismáticas. El 18 de diciembre de 2025, una comisión judicial, respaldada por la Guardia Civil y por orden del Juzgado de Briviesca (a petición del comisario pontificio), ejecutó su traslado como medida cautelar tras constatar "condiciones higiénico-sanitarias no adecuadas para personas vulnerables". Fueron llevadas inicialmente al hospital para evaluación y luego distribuidas en distintos monasterios de la federación clarisa.
Las exclarisas (actualmente siete tras la salida de Zaida Pinar, conocida como sor Myriam en su etapa como clarisa) difundieron un comunicado a través de su responsable de prensa, Francisco Canals, lamentando el fallecimiento. Se enteraron "de manera casual", sin notificación oficial, de la muerte de una hermana con 67 años de vida religiosa y cerca de 40 años de convivencia con algunas de ellas. Aseguraron disponer de un certificado de un reconocido neurólogo vasco que seguía a sor Getsemaní y que desaconsejaba expresamente su traslado.
Denunciaron que, durante la intervención del 18 de diciembre, no se atendieron las advertencias sobre su medicación y cuidados, era la que presentaba las patologías más delicadas, lo que, según ellas, la desestabilizó por completo y pudo contribuir al desenlace. Recordaron que ya habían advertido públicamente en diciembre que mover a monjas ancianas, separarlas de su entorno afectivo y emocional, y alejarlas de la comunidad con la que habían convivido durante décadas podía derivar en un "acontecimiento trágico".
En su valoración, sor Getsemaní fue una mujer de gran sabiduría, prudencia, discernimiento, amante del diálogo y del silencio, capaz de armonizar lo antiguo con lo nuevo. Maestra de profesión, destacó por su inteligencia interior, profunda y pedagógica, enseñando a las jóvenes el carisma franciscano de las clarisas; tenía personalidad fuerte y era muy querida en la comunidad.
Las exmonjas de Belorado con sus perritos.
Este triste suceso se enmarca en la compleja situación de la comunidad cismática, que recientemente clausuró el restaurante abierto en febrero/marzo de 2025 en Arriondas (Asturias), en el arrendado hotel-restaurante Ribera del Chicu (1.600 euros mensuales), transformado en el "primer restaurante de clausura" del país. La zona hotelera se usó como vivienda, limitando la actividad al comedor para aliviar problemas financieros mientras se resuelve la demanda de desalojo del Arzobispado de Burgos (con sentencia favorable a la Iglesia en julio de 2025 y desahucio previsto para febrero de 2026). Además, habían adquirido un terreno cercano de 7.000 m² con licencia para núcleo zoológico, con planes de criar y adiestrar perros de compañía para víctimas de maltrato y perros guía.
El cierre del restaurante se debe al "profundo desgaste físico, psíquico y emocional" de sor Myryam (la cocinera principal y pieza clave en la gastronomía del grupo), derivado de la presión mediática, legal y judicial. Ha recurrido temporalmente a la figura canónica de "ausencia comunitaria" para salvaguardar su salud, sin que implique abandono de la vida religiosa, exclaustración ni ruptura con el grupo. Necesita incorporarse al mundo laboral (buscará trabajo en cocinas), por lo que la comunidad lanzó un llamamiento público para que la sociedad le dé una oportunidad de integración laboral.
Las monjas de Belorado
El portavoz Francisco Canals atribuyó estas dificultades a intervenciones en cuentas bancarias, causas judiciales, boicots a eventos gastronómicos, denegación de licencias sanitarias (como para sus chocolates) y campañas de denigración, bulos y rumores, lo que les llevó a buscar refugio en Asturias tras explorar varios lugares en España.
Ambos episodios, el fallecimiento de sor Getsemaní y el cierre del restaurante, ilustran las tensiones persistentes en torno al cisma de 2024, la excomunión de las religiosas adheridas a Pablo de Rojas Sánchez-Franco y los procesos judiciales pendientes, incluido el desalojo definitivo de Belorado.