decreto ómnibus

Sumar tiene miedo y ahora recula: acepta trocear el decreto para no estrellarse con Junts… mientras Sánchez busca salir del atasco

El socio minoritario del Ejecutivo se traga su “texto único” y abre la puerta a partir el ómnibus en dos, con una condición de escaparate: que se aprueben a la vez y con el visto bueno de Junts. La realidad es otra: el Gobierno de Pedro Sánchez vuelve a depender de un socio imprevisible y Sumar intenta que el coste político no le explote en la cara.

La vicepresidenta segunda, de la cuota Sumar, Yolanda DíazJesus Hellin/STUDIO MEDIA 19

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Donde antes había firmeza y “líneas rojas”, ahora hay cálculo y marcha atrás. Sumar, el socio minoritario del Gobierno, ha pasado en horas de defender el paquete “completo” a aceptar el plan B: trocear el decreto “ómnibus” en dos textos —uno sobre pensiones y otro sobre escudo social y desahucios— siempre que ambos se aprueben a la vez en el Consejo de Ministros y exista un acuerdo que amarre el apoyo, sobre todo, de Junts.

El giro tiene un trasfondo que en Gobierno de España conocen demasiado bien: cuando Pedro Sánchez se queda sin mayoría, improvisa; cuando improvisa, sube el precio; y cuando sube el precio, Sumar acaba haciendo de parapeto para que el desgaste no caiga todo sobre La Moncloa. Lo de “no importa el cómo, sino el qué” suena a resignación: no es una estrategia, es supervivencia.

Sánchez vuelve al patrón: negociar tarde, caro y con el país en vilo

El decreto ya fue tumbado en el Congreso de los Diputados con los votos en contra de Partido Popular, Vox y Junts. Y el problema no es solo el resultado, sino el método: Sánchez volvió a fiarlo todo a un “ómnibus” enorme, con demasiadas piezas delicadas dentro, como si el Parlamento fuese una notaría. Salió mal. Y ahora toca el clásico remiendo a contrarreloj.

El Ejecutivo busca oxígeno para reactivar la revalorización de pensiones y el escudo social, pero el precio es evidente: más dependencia de Junts y más cesiones “técnicas” con envoltorio político. Y en ese tablero, Sumar intenta vender que controla algo, aunque sea el perímetro.

Sumar pone una línea roja… y se guarda el borrador del dramatismo

El portavoz de Sumar, Ernest Urtasun, insiste en la “línea roja”: que no caiga la moratoria que suspende desahucios a familias vulnerables. Bien. Pero la pregunta es por qué se ha llegado a este punto si, como recuerdan en Sumar, esa medida ya se votó antes. La respuesta que nadie dice en alto: porque Sánchez ha vuelto a construir una mayoría de geometría variable donde cada socio aprieta cuando quiere, y el Gobierno traga cuando no tiene alternativa.

El resultado es el de siempre: se juega con calendarios, se tensan medidas sociales como moneda de cambio y luego se culpa a “los otros” por el riesgo de que decaigan. Mientras, el ciudadano asiste al espectáculo de un Ejecutivo que presenta la protección social como prioridad… pero la somete al regateo con cada votación.

Avales a propietarios: el “caramelo” para Junts que Sumar se traga

Sumar también se muestra dispuesto a elevar garantías de avales públicos para pequeños propietarios ante impagos, un ajuste pensado para ablandar a Junts. Lo venden como pragmatismo. Pero es, sobre todo, otra señal de que el Gobierno ya está negociando desde la debilidad: no desde un plan, sino desde la necesidad de apagar un incendio que él mismo provocó con una fórmula legislativa que se ha demostrado inestable.

Y aquí está el nudo: Sumar acepta el cambio “si no se desvirtúa la protección social”. ¿Quién decide qué es desvirtuar? ¿Dónde se pone el límite? En un Gobierno que negocia por entregas y con socios que actúan por presión pública, la “línea roja” es, muchas veces, una frase para titular.

El relato contra PP y Vox no tapa el problema de fondo: Sánchez no tiene control

Urtasun cargó contra PP, Vox y Junts por tumbar el decreto y “poner en peligro” la protección social, acusándoles de “politiquería”. Pero ese relato no tapa el agujero principal: el Gobierno de Sánchez sigue sin garantizar una mayoría estable para asuntos que afectan a millones de personas. Y cuando la estabilidad falla, la tentación es siempre la misma: improvisar, trocear, prometer que “esta vez sí” y esperar que el susto se pase.

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Sumar, mientras tanto, recula porque tiene miedo: miedo a aparecer como corresponsable si se cae la prórroga de desahucios; miedo a que las pensiones queden atrapadas en el juego parlamentario; y miedo, en definitiva, a que la debilidad del presidente acabe arrastrando también a quienes sostienen su mayoría. En la España de Sánchez, gobernar consiste en sobrevivir a la siguiente votación. Y Sumar ya ha entendido que, cuando el guion se rompe, le toca salir a escena para fingir que todavía hay dirección.