Ábalos dispuso de 200.000€ en efectivo de la caja de su Ministerio para gastos sin concretar
Una documentación oficial revela retiradas de dinero en efectivo de la llamada caja pagadora sin detallar para qué sería empleados, pagos en mano y conceptos difusos mientras la investigación judicial sobre su entorno sigue avanzando
Ábalos, con las manos en la caja
Una exclusiva publicada por El Debate vuelve a colocar al exministro José Luis Ábalos en el centro de un escándalo político de primer nivel: más de 200.000 euros en efectivo retirados de la llamada “caja negra” de su Ministerio para gastos sin concretar. Según la documentación oficial consultada por el diario, se trata de fondos que el propio titular del departamento podía autorizar y cuya justificación detallada no aparece por ninguna parte.
La normativa reserva este tipo de caja pagadora para necesidades imprevistas y de escasa cuantía. Sin embargo, los datos describen otra cosa: un flujo constante de metálico a lo largo de los años, con partidas tan amplias como difusas. Entre ellas figuran “atenciones protocolarias”, viajes o gastos de funcionamiento, conceptos tan genéricos que, en la práctica, impiden saber en qué se utilizó realmente el dinero.
Especialmente llamativo resulta el pago en mano de dietas a conductores y escoltas o los más de 43.000 euros en atenciones protocolarias acumulados durante varios ejercicios. A ello se suma la imposibilidad de identificar a los beneficiarios finales de algunos pagos, ya que el propio Ministerio reconoce que no puede proporcionar la relación individualizada de las personas que recibieron el efectivo.
Dinero en efectivo, un clásico de la corrupción
El asunto adquiere mayor gravedad por el contexto: Ábalos ya está siendo investigado judicialmente junto a su exasesor Koldo García por otras presuntas irregularidades. La nueva documentación añade un elemento clásico en cualquier caso de corrupción política: el uso sistemático de dinero en metálico, precisamente el formato menos rastreable.
El ministerio sostiene que los gastos cuentan con justificación documental, pero al mismo tiempo rechaza facilitarla alegando una carga de trabajo excesiva. Una explicación administrativa que, lejos de disipar dudas, las multiplica: si todo está acreditado, ¿por qué no enseñarlo?
El resultado es demoledor en términos políticos. En plena época de limitaciones al uso del efectivo para los ciudadanos, un ministro gestionaba cantidades considerables de dinero público en metálico sin explicar su destino concreto. La imagen es la peor posible: opacidad, discrecionalidad y una contabilidad que parece diseñada más para no dejar rastro que para rendir cuentas.
No se trata de un gasto discutible, sino de un sistema. Y cuando el sistema gira alrededor de sobres, efectivo y conceptos indeterminados, la política deja de parecer gestión… para empezar a parecer otra cosa muy distinta.