Sánchez se enroca en no convocar elecciones pero las críticas en el PSOE arrecian y piden urnas en marzo
La imputación de Zapatero, el hundimiento socialista en Andalucía y el desgaste acumulado por los escándalos judiciales han disparado el nerviosismo interno en Ferraz, donde cada vez más dirigentes territoriales reclaman adelantar las generales para evitar que municipales y autonómicas queden contaminadas por el deterioro político de Moncloa y el creciente rechazo al sanchismo
Pedro Sánchez junto a Patxi Lopez
Pedro Sánchez ha decidido resistir. Otra vez. Pese al terremoto político provocado por la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero y al batacazo sufrido por el PSOE en Andalucía, el presidente del Gobierno mantiene intacta su intención de agotar la legislatura hasta 2027. Pero dentro del partido el clima empieza a cambiar peligrosamente para él.
La conversación que hasta hace apenas unas semanas se mantenía en voz baja ya circula abiertamente entre alcaldes, dirigentes autonómicos y cuadros territoriales socialistas: adelantar las generales a marzo de 2027 para evitar que las municipales y autonómicas vuelvan a convertirse en un plebiscito contra Moncloa. El temor en muchas federaciones es evidente. Nadie quiere afrontar otra campaña cargando sobre sus espaldas el desgaste del sanchismo, los escándalos judiciales y la sensación creciente de agotamiento político.
Andalucía, detonante
La derrota andaluza ha actuado como detonante definitivo. El peor resultado histórico del PSOE andaluz, unido a la irrupción judicial del caso Zapatero, ha disparado el nerviosismo interno. En numerosas agrupaciones socialistas se extiende la idea de que el partido está entrando en una fase de deterioro mucho más profunda de la que Ferraz reconoce públicamente.
En privado, varios dirigentes admiten ya que la suma de problemas empieza a resultar “insoportable”. “El hermano, la mujer, dos secretarios de Organización, el expresidente…”, resumen cargos críticos con Sánchez, preocupados especialmente por el impacto electoral acumulativo que puede provocar la investigación judicial sobre Zapatero y el rescate de Plus Ultra.
Moncloa como dique de contención
La Moncloa, sin embargo, intenta contener cualquier atisbo de pánico. Sánchez ha impuesto una defensa cerrada del expresidente socialista y mantiene la tesis de que el auto judicial “no afecta al Gobierno”. La estrategia oficial pasa por aguantar, desacreditar políticamente la investigación y esperar a la declaración de Zapatero en la Audiencia Nacional el próximo 2 de junio.
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Pero incluso dentro del PSOE comienza a instalarse una pregunta incómoda: si Ferraz insiste desde hace meses en que los malos resultados electorales no son culpa de Sánchez, ¿por qué no convocar antes y dejar que cada territorio afronte después sus propias campañas sin el peso de Moncloa?
De momento, el presidente se aferra a la idea de que solo una moción de censura podría derribarle y presume de resistencia política. Sin embargo, en el socialismo territorial crece la sensación de que el problema ya no es únicamente electoral. Empieza a ser existencial.