La confesión más íntima y dolorosa del Rey Felipe hunde a Pedro Sánchez por sus socios
El jefe del Estado interviene en un documental, que Netflix estrena el 10 de julio, y expresa lo que siente, ahora y antes, sobre uno de los asesinatos más terribles de ETA.
El Rey Felipe y Pedro Sánchez, en el acto de sanción de la reforma del Apartado 3 del Artículo 69 de la Constitución Española.
La frase de Felipe VI apenas dura unos segundos, pero tiene la capacidad de devolver a España a uno de los capítulos más dolorosos de su historia reciente. Al recordar el asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA, el Rey admite que, casi tres décadas después, sigue sintiendo "la misma tristeza y la misma indignación". No es una declaración política. Es una confesión personal. Y, precisamente por eso, su impacto trasciende el ámbito institucional.
Se lo hemos contado en ESdiario, lo hace en un documental que Netflix estrenará el 10 de julio un trabajo que revive uno de los episodios más oscuros y conmovedores de la historia reciente de España. Bajo el título Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo, la producción coincide con el 29º aniversario del secuestro del joven concejal de Ermua a manos de la banda terrorista.
La intervención del jefe del Estado, "Pienso en aquello y me entra la misma tristeza y la misma indignación", llega en el documental dedicado a las 48 horas que conmocionaron al país en julio de 1997, cuando millones de españoles salieron a la calle para decir "basta" al terrorismo. Felipe VI recuerda además que tenía la misma edad que Blanco cuando fue asesinado, un detalle que convierte el recuerdo en una experiencia profundamente personal.
Ese mensaje reabre inevitablemente el debate sobre la memoria de las víctimas del terrorismo y sobre el lugar que ocupan hoy en la vida política española. Porque el crimen de Miguel Ángel Blanco no fue únicamente un atentado más de ETA; supuso un punto de inflexión que unió a gran parte de la sociedad contra la violencia terrorista y marcó a toda una generación.
En ese contexto, las palabras del Rey pueden interpretarse como un recordatorio de que el dolor provocado por ETA sigue presente en la memoria colectiva. Y esa lectura tiene consecuencias políticas evidentes en un momento en el que el Gobierno de Pedro Sánchez mantiene una mayoría parlamentaria que incluye los votos de EH Bildu, una formación legal que distintos analistas y adversarios políticos consideran heredera del espacio político de la izquierda abertzale vinculada históricamente al entorno de ETA. Esa circunstancia ha sido objeto de una intensa controversia pública y parlamentaria.
Por ello, la confesión de Felipe VI no solo funciona como un ejercicio de memoria personal. También devuelve al primer plano un debate que nunca ha desaparecido del todo: el de la relación entre la política actual y el recuerdo del terrorismo. Mientras el Rey habla de tristeza e indignación por el asesinato de Blanco, vuelve a abrirse la discusión sobre cómo debe preservarse esa memoria y qué significado tiene en la España de hoy.
Se interpreta también como un palo a Sánchez y a su Gobierno, que no solo ha blanqueado a los herederos de ETA en el Congreso, Bildu, sino que permite la excarcelación de asesinos etarras que ya gozan del tercer grado tras transferirse las competencias de Instituciones Penitenciarias al Gobierno autonómico vasco.
Sánchez y sus socios miran para otro lado también cuando esos mismos terroristas liberados, la mayoría de ellos con delitos de sangre y asesinatos, reciben homenajes en sus municipios.
Las palabras del Monarca no contienen referencias a partidos ni a gobiernos. Sin embargo, resulta difícil que un mensaje de este calibre quede limitado al terreno emocional. La evocación de uno de los crímenes que más movilizaron a la sociedad española vuelve a situar a las víctimas de ETA en el centro del debate y alimenta las críticas de quienes cuestionan la normalización política de EH Bildu como socio parlamentario del Ejecutivo.
España
El Rey vuelve a julio de 1997: el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco que cambió España
Patricia Rodríguez Corchado