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Zapatero empezó la sumisión del PSOE a Marruecos: cuando Mohamed VI despreciaba a España y le recibió para hacer daño

La invasión de Ceuta vuelve a abrir el debate de la actitud complaciente de Sánchez con Rabat, algo que en el socialismo español inicio el expresidente ahora imputado antes incluso de llegar a Moncloa con un gran acto de deslealtad al entonces Gobierno de Aznar y sirviendo a la estrategia marroquí

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en uno de sus encuentros con Mohamed VI

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La crisis migratoria de Ceuta, con decenas de miles de inmigrantes entrando desde Marruecos, ha vuelto a poner bajo el foco la política exterior del Gobierno de Pedro Sánchez complaciente con Rabat. Sin embargo, el origen de esta estrategia de acercamiento al régimen de Mohamed VI, por no decir sumisión, no empezó en la Moncloa con Sánchez, sino mucho antes, de la mano de José Luis Rodríguez Zapatero, que una vez vuelve a ser el origen y el faro moral, también en el tema marroquí.

Mientras el Gobierno de Sánchez intenta contener el impacto político de la mayor presión migratoria sufrida por Ceuta en décadas, la hemeroteca rescata un episodio que marcó un punto de inflexión en las relaciones entre el PSOE y Marruecos. En diciembre de 2001, José Luis Rodríguez Zapatero, entonces líder de la oposición, viajó a Rabat para reunirse con Mohamed VI. No era una visita cualquiera, España atravesaba una profunda crisis diplomática con Marruecos. El Gobierno de José María Aznar mantenía un duro pulso con el régimen alauí, que había retirado a su embajador y elevaba constantemente la tensión bilateral. Meses después llegaría incluso la ocupación del islote de Perejil por fuerzas marroquíes.

En ese contexto, Zapatero fue recibido con todos los honores en el Palacio Real de Marruecos. Las imágenes dieron la vuelta al mundo: el líder socialista conversando cordialmente con Mohamed VI delante de un mapa en el que el Sáhara Occidental aparecía integrado como territorio marroquí. Un gesto de enorme carga simbólica que muchos interpretaron como un balón de oxígeno diplomático para Rabat y un golpe directo al Gobierno español entonces presidido por Aznar, que critico la deslealtad del entonces líder de la oposición con España.

Aquella fotografía fue vista por numerosos sectores como el inicio de una nueva relación entre el PSOE y Marruecos. Mientras Aznar mantenía una política de firmeza frente a las presiones del reino alauí, Zapatero apostaba por una estrategia de acercamiento que posteriormente consolidaría desde el Gobierno. El giro quedó definitivamente plasmado tras las elecciones de 2004. Apenas tres días después de los atentados del 11-M, que costaron la vida a 191 personas y en cuya célula participaron varios ciudadanos marroquíes, Zapatero llegó a la Moncloa. Su primer viaje oficial al extranjero no fue a Bruselas, París o Berlín. Fue a Marruecos. En Casablanca, acompañado por Mohamed VI, inauguró un monumento en recuerdo de las víctimas de los atentados del 16 de mayo de 2003. La imagen simbolizaba una nueva etapa de estrecha colaboración entre ambos gobiernos.

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Más de veinte años después, el PSOE de Pedro Sánchez no ha hecho otra cosa que profundizar ese modelo de relación. El cambio histórico sobre el Sáhara Occidental, apoyando por primera vez la propuesta marroquí de autonomía, supuso la mayor cesión diplomática realizada por España en décadas. El Gobierno aseguró entonces que esa decisión serviría para inaugurar una nueva etapa de estabilidad con Marruecos, sin embargo, la crisis de Ceuta ha vuelto a cuestionar esa estrategia. Las imágenes de miles de personas entrando desde territorio marroquí han alimentado la sensación de que Rabat continúa utilizando la presión migratoria como herramienta política pese a las concesiones realizadas por el Gobierno español. Pero ahí sigue el socialismo español sumiso ante Rabat, desde la época del ahora imputado por varios delitos Zapatero, y siempre queda la eterna pregunta ¿Qué le debe el PSOE a Marruecos?