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Ceuta dicta sentencia al Gobierno: pitos y gritos de "mentiroso" a Torres y una ovación para Vivas
El ministro y mando único de la crisis ha sido recibido con abucheos a su llegada al acto institucional del Día de Ceuta, mientras el público coreaba «presidente» al dirigente popular
Ceuta ha hablado este miércoles sin necesidad de urnas. El ministro de Política Territorial y mando único designado por Pedro Sánchez para gestionar la crisis migratoria, Ángel Víctor Torres, ha sido recibido con pitos, abucheos y gritos de «mentiroso» a su llegada al Teatro Auditorio del Revellín. Un recibimiento completamente opuesto al dispensado al presidente de la Ciudad, Juan Jesús Vivas, ovacionado por los asistentes.
La escena se ha producido durante el acto institucional del Día de Ceuta, una celebración inevitablemente marcada por la entrada masiva de cerca de 80.000 personas durante los días 30 y 31 de julio y por una crisis que mantiene a la ciudad en una situación límite. Las imágenes y testimonios recogidos durante la ceremonia han reflejado el enorme divorcio existente entre los ceutíes y el Ejecutivo de Sánchez.
Pitos para Torres y gritos de «presidente» para Vivas
Torres, que pocas horas antes había pedido no hacer «conjeturas» sobre el informe policial que apunta a una posible implicación de Marruecos en la avalancha, se ha encontrado a las puertas del teatro con el enfado acumulado durante más de un mes. Los pitos y los gritos de «mentiroso» han acompañado la llegada del representante del Gobierno, pese al plan de ayudas de 309 millones anunciado por el Consejo de Ministros apenas 24 horas antes.
El contraste se ha producido dentro del propio auditorio. Durante la intervención de Adil Mohamed Hachmi, distinguido con la Medalla de la Autonomía, el público ha abucheado al delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, con gritos de «no» y «fuera». Sin embargo, cuando el galardonado ha agradecido el trabajo realizado por Juan Vivas, el teatro ha estallado en aplausos y los asistentes han coreado durante varios segundos «presidente, presidente».
No ha sido la única reprimenda para el Ejecutivo. El representante de la familia de Mustafa Mizzian, que ha recogido a título póstumo otra de las Medallas de la Autonomía, ha acusado al Gobierno socialista de Pedro Sánchez de haber «abandonado» a Ceuta y lo ha calificado de «inepto e incompetente». Sus palabras han provocado una nueva ovación, con parte del público puesto en pie y varios representantes gubernamentales sentados en primera fila.
Vivas advierte: «Ceuta está en serio peligro»
Vivas ha aprovechado su discurso institucional para lanzar uno de los mensajes más duros desde que comenzó la crisis. «Nunca pensé que un 2 de septiembre tendría que venir a este escenario para afirmar que Ceuta está en serio peligro», ha reconocido el presidente ceutí, que ha definido lo ocurrido como un ataque «deliberado y organizado» contra la integridad territorial de España.
El presidente de la Ciudad ha advertido de que Ceuta «no aguanta más» y vive como una «olla a presión que en cualquier momento puede estallar». También ha reclamado la devolución urgente a Marruecos de quienes entraron vulnerando la frontera y un horizonte temporal claro que permita recuperar la normalidad.
«Ceuta está triste, Ceuta está herida, Ceuta está indignada y Ceuta está con el alma en vilo, pero Ceuta está en pie», ha proclamado Vivas. Una firmeza muy distinta a la cautela exhibida desde Moncloa ante Marruecos y que explica buena parte de la ovación recibida por el dirigente popular.
Un veredicto imposible de maquillar
La protesta adquiere todavía más importancia después de conocerse la existencia de un informe de la unidad de inteligencia de Extranjería remitido a la Audiencia Nacional que apunta a que la avalancha pudo ser planificada y dirigida por gendarmes marroquíes. Marlaska asegura que desconocía el documento y ahora exige explicaciones al director general de la Policía, mientras el Gobierno vuelve a parapetarse tras las peticiones de prudencia.
Este Día de Ceuta ha dejado, por tanto, una fotografía política difícil de ocultar: pitos para el ministro enviado por Sánchez y aplausos para el presidente que lleva semanas reclamando seguridad, devoluciones y firmeza ante Marruecos. Dos recibimientos y un mensaje inequívoco desde una ciudad cansada de promesas, retrasos y silencios.