Las elecciones generales de alternanativa a Sánchez y de reconstrucción

Las encuestas dibujan una mayoría del centroderecha que obligaría a Feijóo y Abascal a aparcar sus diferencias y ofrecer un acuerdo de mínimos capaz de devolver estabilidad institucional y confianza a la sociedad

Santiago Abascal y Alberto Núñez FeijóoEuropa Press

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La situación de descontrol de España y la más que evidente pérdida de la mayoría para el ejercicio del gobierno han dado lugar a la celebración de unas elecciones generales. Estas elecciones serán, sin lugar a dudas, diferentes a las que, en condiciones normales, se pueden celebrar en cualquier país democrático, puesto que tienen una diferenciación importante respecto a la normalidad democrática.

No son unas elecciones en las que se pueda hablar de continuidad o alternancia. En sí mismas y dada la realidad de España, son unas elecciones para la confirmación de que se centre en la recuperación de los elementos democráticos que han sido dañados en los últimos ocho años y que han convertido a España en una "democracia de papel", pero en una realidad de autocracia invasora del Estado, de las instituciones y de aquellos elementos que dan fortaleza a una nación.

No hay presupuestos, se ataca desde el poder ejecutivo y legislativo al poder judicial para evitar el esclarecimiento de los casos de corrupción, generando incluso cloacas cercanas a algún partido, netamente criminales; no se atiende a otros elementos del Estado, como son las Comunidades Autónomas, ante necesidades imperiosas provocadas por desastres naturales, accidentes ferroviarios con resultado de muertes, incendios o invasiones desde terceros países que, bajo la excusa de la inmigración, dañan la integridad territorial de España, sin solución y sin aplicar las medidas explícitas y decisivas que acaben demostrando no debilidad, sino el prestigio de un país.

Ante estos elementos, que indudablemente no son de recibo en cualquier democracia y que son "soportados y no aceptados" por la sociedad, ha llegado el momento de plantear una alternativa de recuperación de los ejes de la democracia, de limpieza institucional en los tres poderes del Estado, de reconstrucción del consenso en una sociedad polarizada a la que hay que darle razones de confianza en la reconstrucción de la convivencia y, sobre todo, de la adopción de medidas que normalicen la democracia desde una autoridad al servicio de todos, pero con el consenso que se precisa en políticas en donde quede descartada la mentira y una falsa realidad construida en conveniencia propia.

Esta alternativa, si hacemos caso al resultado de las encuestas como termómetro de la opinión que muestra la sociedad ante sus preferencias de gobierno, nos indica un giro total en el deseo de los españoles respecto a quién quieren que les gobierne y, claramente, este deseo se fija mayoritariamente en lo que podríamos considerar como centroderecha y derecha "dura" como responsables del timón de la nación para los próximos cuatro años, con una fortaleza que les puede dar capacidad para la transformación y recuperación de España, al estar cerquísima de los tres quintos de la Cámara. Cifra esta que no debe convertirse en una amenaza, sino en una posibilidad de confianza para cambiar las cosas sin chantajes ni condicionantes, pero, eso sí, demostrando diálogo y voluntad de consenso no con los partidos, sino con la sociedad.

Desde esta perspectiva, todos sabemos que hay dos formaciones políticas que pueden estar destinadas a manejar ese gobierno, a cambiar el desastre, pero, para ello, es necesario que sus líderes presenten a la sociedad un máximo de mínimos acuerdos que les habiliten como alternativa, sabiendo que, en el caso del PP, además de determinación, debe poner sobre la mesa su capacidad de gestión, equipos capaces de llevar a cabo dicha gestión, propuestas concretas como ese plan de construcción de un millón de viviendas, la independencia judicial, dejar en manos de los fiscales el nombramiento del fiscal general, la limpieza e independencia del CGPJ y del Tribunal Constitucional, la elaboración inmediata de unos PGE, una digna representación en los organismos internacionales de los que somos socios y, sobre todo, el respeto a la verdad desde la honestidad.

Por su parte, Vox, que se ha convertido en una tercera fuerza política con potencia electoral, debe demostrar a la sociedad que abandona ese pésimo vicio del populismo para proponerse como soporte adicional de ese cambio que necesita España, siendo consciente de que, al no tener equipos de gobierno, debe convertirse en garante de ese cambio, no dificultando ni políticas ni actuaciones desde una ideología, sino contribuyendo a cubrir las necesidades que en estos momentos tiene España, asumiendo la Constitución y ejerciendo también un papel que demuestre su capacidad de diálogo en el seno del centroderecha y la derecha, que quite ese sambenito de "ultraderecha", transformándose en un elemento en positivo para España.

Por ello, desde las posiciones que no quieren una mera alternancia política, sino una alternativa a la vergüenza y a la casi destrucción de la democracia liberal, los líderes de ambos partidos deberían presentar un acuerdo de mínimos a la sociedad, un compromiso de no agresión como base de los objetivos comunes para reconstruir la democracia y, sobre todo, la firme determinación de dejar de lado trifulcas personalistas que impidan su consecución.

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Estas elecciones deben ser desde la obligación de plantear una alternativa con las cartas sobre la mesa, acercándose a la sociedad real y no a la manipulada por una falsa realidad, con gestión, desde el liderazgo de la fortaleza, con consenso y diálogo en los objetivos de recuperación y reconstrucción de una "España en coma democrático".