Quince años del crimen de José Bretón: la historia de una venganza que conmocionó a España

En octubre de 2011, la desaparición de Ruth y José, de seis y dos años, desencadenó una investigación que mantuvo en vilo a toda España. Lo que inicialmente parecía una desaparición se convirtió meses después en uno de los crímenes más estremecedores del país: su padre, José Bretón, fue condenado por asesinar a sus hijos.

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Hace 15 años el crimen de José Bretón impactó a todo el país. En Córdoba un padre mataba a sus dos hijos de manera cruel y durante semanas todo el mundo intentó buscar en una dirección distinta. La realidad era demasido inhumana para se creída. La violencia vicaria tuvo así su rostro más terriblemente reconocido.

Trasladémonos a 2011. En ese momento, la relación entre José Bretón y Ruth Ortiz llegó a su fin. Después de casi una década de matrimonio y con dos hijos en común, Ruth y José, la pareja inició los trámites de divorcio. Sin embargo, Bretón no aceptó la separación y, según se reconstruiría posteriormente durante la investigación, comenzó a gestar un plan de venganza contra su expareja.

Durante el juicio, Ruth Ortiz describió a Bretón como un hombre “controlador, machista, celoso y obsesivo”. También aseguró haber sufrido maltrato psicológico durante la relación. Los acontecimientos que siguieron al inicio del proceso de divorcio acabarían siendo determinantes. El 29 de septiembre de 2011, Bretón acudió a su psiquiatra y recibió una receta de Orfidal y Motivan. Según la investigación, pretendía utilizar estos medicamentos para sedar a sus hijos.

Mientras tanto, comenzó a preparar lo que después sería considerado parte de su plan. En la finca de Las Quemadillas, propiedad de sus padres, reunió una gran cantidad de leña y llegó a adquirir más de 271 litros de combustible.

Pero Bretón no solo habría preparado el escenario. También puso a prueba la coartada que pensaba utilizar después de la desaparición de sus hijos. Mientras estaba con sus sobrinos, los dejó solos en un parque con el objetivo de comprobar cómo reaccionarían las autoridades ante una situación similar.

El 7 de octubre recogió a sus hijos en el domicilio de Ruth, en Huelva. Los llevó primero a casa de sus padres y, posteriormente, se dirigió hasta la finca de Las Quemadillas, en Córdoba, donde ya había preparado todo lo necesario. Al día siguiente, 8 de octubre, llevó a los pequeños hasta la finca. Según determinaría posteriormente la investigación, antes de hacerlo les había administrado tranquilizantes.

En Las Quemadillas, Bretón encendió una hoguera y arrojó allí a sus hijos. Una de las grandes incógnitas del caso fue determinar si los niños estaban vivos o muertos en el momento en que fueron introducidos en el fuego.

Después abandonó la finca y se dirigió a un parque. Su objetivo era construir la coartada que había preparado, pero las cámaras de seguridad registraron una circunstancia que acabaría siendo clave: Bretón aparecía solo. Horas después denunció la desaparición de sus hijos. Sin embargo, la llamada no se realizó desde el lugar donde supuestamente habían desaparecido, sino desde la propia finca de Las Quemadillas.

Durante la investigación también se descubrió que en la hoguera no solo habían desaparecido los cuerpos de los menores. Bretón había quemado recuerdos y objetos personales de sus hijos, algo que posteriormente intentaría justificar relacionándolo con el proceso de divorcio.

Las contradicciones de su relato y los numerosos elementos sospechosos que rodeaban el caso terminaron situándolo en el centro de la investigación. Finalmente, Bretón fue detenido. En un primer momento, los investigadores localizaron restos óseos en la hoguera. Sin embargo, inicialmente fueron identificados como restos de animales, concretamente de un perro. Mientras tanto, en el domicilio aparecieron juguetes infantiles, algunos de ellos todavía sin abrir.

José Bretón tras escuchar el veredicto del jurado por el asesinato de sus hijos.David de Haro / Europa Press

La investigación entró entonces en una etapa marcada por las dudas y la incertidumbre. Durante meses, la familia materna mantuvo sus sospechas sobre aquellos restos y solicitó que fueran sometidos a un nuevo análisis forense. El resultado cambiaría definitivamente el rumbo del caso: los restos encontrados en la hoguera pertenecían a Ruth y José.

Durante el juicio, distintos testigos describieron la obsesión de Bretón con Ruth Ortiz y aportaron testimonios sobre su comportamiento con los menores. La reconstrucción de los hechos reveló un crimen planificado en el contexto de una separación que Bretón nunca habría aceptado.

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El asesinato de Ruth y José provocó una profunda conmoción en la sociedad española. Por la edad de las víctimas, la planificación de los hechos y la extrema crueldad del crimen, el caso Bretón quedó marcado como uno de los episodios criminales más estremecedores de España.