Sánchez se prepara para otra pitada en el desfile del 12-O a 7 semanas de las elecciones
Los Reyes presiden el Día de la Fiesta Nacional en la víspera de su histórica visita a Ceuta y Melilla en un momento de máxima tensión política por la invasión y por los comicios del 29-N.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Pedro Sánchez llega hoy al desfile militar del Día de la Fiesta Nacional con la certeza de que le espera otra pitada. No es la primera. Desde que llegó a La Moncloa en 2018, el presidente del Gobierno ha convertido el 12-O en una cita casi ritual con los silbidos y los gritos de “fuera” o “dimisión” del público que se concentra a lo largo del Paseo del Prado y Recoletos. Este año la cosa tiene un cariz distinto: faltan apenas siete semanas para las elecciones generales del 29 de noviembre y el país arrastra aún las consecuencias de la entrada masiva de más de 80.000 personas en Ceuta los días 30 y 31 de julio.
Los Reyes Felipe VI y Letizia, acompañados por la princesa Leonor y previsiblemente por la infanta Sofía, presidirán el acto desde la tribuna instalada junto a la fuente de Neptuno. Llegarán sobre las 11:00 horas. Sánchez, la ministra de Defensa Margarita Robles y el resto de autoridades del Estado estarán en la tribuna de autoridades, a escasa distancia. La Casa Real ha querido dar un gesto especial a Ceuta y Melilla invitando a representantes de su sociedad civil a la recepción posterior en el Palacio Real. Mañana mismo, el monarca y la Reina inician una visita oficial a ambas ciudades autónomas, la primera de Felipe VI desde su proclamación. La última vez que un rey español pisó Ceuta y Melilla fue Juan Carlos I en 2007.
El desfile moviliza a 4.380 efectivos de las Fuerzas Armadas, la Guardia Civil, la Policía Nacional y otras instituciones, junto a 82 aeronaves, 183 vehículos y 286 caballos. El recorrido, de algo más de kilómetro y medio, empieza en la glorieta de Carlos V y termina en la plaza de Colón. Habrá salto de paracaidistas con la bandera nacional, pasada de la Formación Mirlo y el tradicional desfile de la cabra de la Legión. Este año no desfilarán unidades de Ceuta; Melilla estará representada por una escuadra de Regulares.
A unos 900 metros, en la Puerta del Sol, continúa la acampada de protesta por la vivienda que arrancó tras el desahucio y la posterior muerte de Maricarmen, la anciana de 87 años cuyo caso ha acabado precipitando el adelanto electoral. El Gobierno reprobó sus propios decretos de vivienda en el Congreso y, al día siguiente, convocó elecciones. La huelga general por la vivienda está fijada para el 11 de noviembre, justo antes de que arranque la campaña oficial.
En Ceuta la herida sigue abierta. Las cifras oficiales del Gobierno han oscilado entre los 72.000 y los 84.000 entrados; el presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas, habla de cerca de 100.000. Más de dos meses después siguen en la ciudad varios miles de personas, según estimaciones que no coinciden entre Moncloa y el Gobierno local. La Audiencia Nacional investiga los hechos como un posible ataque a la integridad territorial. Informes policiales desclasificados hablan de un proceso planificado y de una “permisividad” marroquí. Vivas ha contado que alertó repetidamente a La Moncloa en los días previos. Sánchez, por su parte, ha calificado lo ocurrido de “ataque” y “violación de la integridad territorial”, pero la gestión concreta de la crisis se ha convertido en uno de los ejes del desgaste del Ejecutivo.
Santiago Abascal no estará en Madrid. El líder de Vox ha anunciado que celebrará el 12-O en Ceuta junto a Jordan Bardella, presidente de Agrupación Nacional y del grupo Patriots en el Parlamento Europeo. “No estaré en ninguna tribuna con un Gobierno mafioso que ha traicionado a España y que ha dejado parte de nuestro territorio nacional invadido”, ha escrito en redes. Feijóo sí estará en la tribuna de Madrid.
En años anteriores Sánchez ha probado distintas fórmulas para mitigar los abucheos: retrasar su llegada para coincidir con la de los Reyes, alejar al público o incluso beneficiarse de un diluvio en 2024. Este año el dispositivo de seguridad mantiene la distancia habitual entre la tribuna y los asistentes. Fuentes del entorno del presidente dan por descontado que habrá pitidos. La tradición, al menos desde Zapatero, es que el presidente del Gobierno de turno reciba la bronca del sector del público más beligerante mientras los Reyes son aplaudidos. A siete semanas de las urnas, y con Ceuta todavía en el centro del debate político, la pitada de hoy tendrá un significado más explícito que en otras ocasiones.