Marruecos vuelve a entrar en aguas españolas y desmonta el "hecho puntual" de Sánchez

La Guardia Civil detectó este jueves otra embarcación de Rabat dentro del mar territorial español, días después de la visita de los Reyes y tras conocerse un episodio similar protagonizado por una fragata en septiembre

Buques marroquiés frente a Ceuta. Varias veces han entrado en aguas españolasAntonio Sempere

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La palabra "puntual" acaba de perder todo su significado en La Moncloa. Pedro Sánchez la utilizó para rebajar la gravedad de la presencia de unidades de la Marina Real marroquí en aguas españolas durante la crisis de Ceuta. Este jueves, otra patrullera de Marruecos ha vuelto a cruzar el límite.

Según ha informado ABC, la Guardia Civil detectó la embarcación hacia las nueve y media de la mañana en la bahía sur de Ceuta. Permaneció durante horas en aguas españolas mientras los agentes seguían sus movimientos desde tierra. Una patrullera española no salió a su encuentro hasta pasadas las cuatro de la tarde y la embarcación marroquí terminó retirándose.

El episodio adquiere mayor gravedad porque ya no puede contemplarse aisladamente. A las incursiones conocidas de finales de julio se suma ahora la información publicada por Libertad Digital sobre la entrada, el pasado 7 de septiembre, de la fragata Sultan Moulay Ismail en el mar territorial español frente a Ceuta.

Tres momentos distintos obligan al Gobierno a abandonar los eufemismos. También a explicar qué está ocurriendo en unas aguas cuya soberanía no admite interpretaciones y por qué algunos de estos episodios sólo llegan al conocimiento de los españoles cuando son desvelados por los medios de comunicación.

La cuestión tampoco consiste en atribuir a Rabat intenciones que todavía no están acreditadas. Se desconoce qué perseguía la patrullera localizada este jueves. Precisamente por eso corresponde al Ejecutivo exigir explicaciones a Marruecos y ofrecerlas después a los ciudadanos, en lugar de reducir cada incidente a una anomalía sin consecuencias.

Hay además un elemento político imposible de ignorar. La nueva entrada se produce un día después de concluir la visita de Felipe VI y la Reina Letizia a Ceuta y Melilla. No se conoce si existe relación entre ambos acontecimientos y sería irresponsable afirmarlo sin pruebas. Pero la proximidad temporal aumenta la obligación de una respuesta diplomática clara.

España necesita mantener con Marruecos una relación estable. Cooperación migratoria, comercio, seguridad, lucha contra el terrorismo y numerosos intereses compartidos aconsejan una interlocución constante con Rabat. Precisamente por eso esa relación debe descansar sobre límites inequívocos. La buena vecindad pierde su sentido cuando sólo uno de los vecinos parece obligado a extremar las precauciones para no molestar al otro.

Sánchez presumió de que el canal entre ambos países había permitido resolver lo ocurrido durante el verano y aseguró que no se había repetido nada semejante. Los hechos conocidos después han envejecido esa explicación en cuestión de días. Ya no basta con hablar de normalidad.

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El Gobierno tiene ahora una obligación bastante más sencilla: aclarar cuántas incursiones se han producido, qué respuesta recibió cada una, qué explicaciones ha dado Marruecos y qué medidas piensa adoptar España para impedir otra. Defender la soberanía nacional no exige estridencias. Exige que quien la vulnera sepa que España lo ha visto, lo denuncia y no está dispuesta a aceptarlo.