Álora destapó las deficiencias del alarmante protocolo de Adif que permite seguir circulando con pasajeros

Una instrucción interna contempla que el siguiente convoy verifique determinadas irregularidades detectadas por otro maquinista. La CIAF ya había cuestionado la aplicación de este procedimiento tras un descarrilamiento en Málaga.

Uno de los trenes AVE (foto de archivo)RENFE

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Los pasajeros de la alta velocidad española pueden viajar en un tren que esté comprobando una posible anomalía detectada previamente en las vías. Se trata de un procedimiento interno de Adif que contempla utilizar una segunda circulación ferroviaria para verificar determinadas irregularidades sin necesidad de interrumpir inmediatamente el tráfico.

El mecanismo se recoge en la denominada "Ficha específica LAV 2. Deformación de vía", un documento interno del administrador ferroviario cuya existencia y funcionamiento han quedado reflejados en un informe oficial de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF).

Según la información publicada por ABC, cuando un maquinista detecta un golpe, una vibración inusual o una sacudida mientras circula a más de 200 kilómetros por hora, debe comunicarlo al centro de control. Sin embargo, ese aviso no supone necesariamente que se suspenda la circulación ni que se envíe inmediatamente un vehículo especializado para examinar el tramo afectado.

Si la incidencia se clasifica como de "repercusión débil", la comprobación puede realizarla el siguiente tren que atraviese ese punto, incluso cuando se trata de un servicio comercial con viajeros a bordo.

El objetivo del procedimiento es determinar si la anomalía corresponde realmente a un problema de la infraestructura o si la sensación experimentada por el primer conductor puede estar relacionada con las condiciones particulares de su tren.

Un protocolo que ya había sido cuestionado tras un descarrilamiento

La utilización de otras circulaciones para comprobar incidencias cuenta con un antecedente recogido en una investigación oficial.

El 29 de octubre de 2024, un tren que realizaba el recorrido entre Málaga y Madrid sufrió un descarrilamiento parcial en el término municipal de Álora tras encontrarse tierra y piedras sobre la infraestructura ferroviaria.

El convoy transportaba a 276 pasajeros y circulaba aproximadamente a 200 kilómetros por hora cuando alcanzó el obstáculo.

Minutos antes, el maquinista de otro tren había comunicado que había experimentado un fuerte golpe al atravesar ese mismo punto de la vía.

Adif estableció una limitación de velocidad de 200 kilómetros por hora. Sin embargo, la investigación posterior determinó que las medidas adoptadas no habían sido suficientes para evitar el accidente.

La CIAF identificó deficiencias en la aplicación del procedimiento y en los criterios empleados para valorar el riesgo asociado a la incidencia comunicada.

Los investigadores también señalaron que la ficha interna utilizada por Adif no estaba incorporada al Plan de Contingencias de Adif Alta Velocidad ni había sido trasladada a las empresas ferroviarias.

Cuatro niveles para determinar las restricciones

Tras aquel accidente, Adif introdujo modificaciones en el procedimiento para establecer una clasificación más detallada de las anomalías.

La actualización contempla cuatro niveles: débil, moderado, fuerte y muy fuerte.

En el primero de ellos, el procedimiento no establece una reducción específica de velocidad. Las incidencias moderadas pueden dar lugar a limitaciones de 230 o 160 kilómetros por hora, o inferiores según las circunstancias.

Cuando la anomalía se considera fuerte, la restricción prevista es de 80 kilómetros por hora o menos. Para los supuestos calificados como muy fuertes, se contempla la circulación a la vista sin superar los 40 kilómetros por hora.

Esta clasificación sustituyó al sistema anterior, que distinguía únicamente entre incidencias débiles y fuertes.

La controversia se concentra en las irregularidades de menor repercusión, cuya primera comprobación puede realizarse mediante otro tren, sin recurrir necesariamente desde el primer momento a una unidad de inspección especializada.

Las dudas sobre la seguridad de los viajeros

Sus defensores consideran que permite distinguir entre incidencias reales de la infraestructura y avisos que pueden deberse a circunstancias puntuales del material rodante. De esta manera, argumentan, se evitan interrupciones innecesarias en una red por la que circulan diariamente numerosos trenes.

Sus críticos cuestionan que la verificación de una posible irregularidad pueda recaer sobre un maquinista que transporta pasajeros, cuando todavía no se ha determinado con certeza el origen de la anomalía.

La discusión adquiere especial relevancia en los trayectos de alta velocidad, donde una incidencia en la infraestructura puede producirse con convoyes que circulan por encima de los 200 kilómetros por hora.

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Por su parte, la CIAF dejó constancia en su investigación sobre el accidente de Álora de la importancia de que el gestor ferroviario disponga de criterios adecuados para evaluar los riesgos y establecer las restricciones necesarias.