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Iglesias presidente, Otegi lehendakari: una posibilidad real

¿Pedro Sánchez, Mariano Rajoy o el Ibex 35? Se habla demasiado de esta alternativa, cuando en realidad hay otros candidatos jugando mejor sus cartas.

¿Puede Otegi presidir la autonomía vasca en otoño? Sí, con ayuda activa o pasiva de Podemos. ¿Puede Iglesias liderar la izquierda española en verano y quizá el Gobierno? Sí.

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Al salir de la cárcel Arnaldo Otegi, Pablo Iglesias lo aplaudió. "La libertad de Otegi es una buena noticia para los demócratas. Nadie debería ir a la cárcel por sus ideas". Y no ha sido ni acusado ni procesado, cuando se hablaba de un terrorista condenado. En justa respuesta, en su mitin donostiarra del primer sábado, Otegi tendió la mano a Podemos porque, en su busca de rumbo para los marxistas independentistas, le gustaría tener el apoyo de los marxistas sólo antiespañoles. Tal para cual. Pero los grandes partidos no hicieron nada, y casi no dijeron nada de provecho.

Tampoco sorprende. El PSOE de Sánchez es el PSOE que, desde el poder, llamó al batasuno “hombre de paz”. El PP de Rajoy es el PP que desde 2008 giró hacia la “paz” y no cumplió desde su mayoría absoluta de 2011 con lo que el partido llevaba antes en su código genético. Por supuesto, ambos partidos tienen cosas más importantes que decidir antes. Por ejemplo, su reparto del pastel, siempre que los grandes poderes lo permitan.

El PSOE juega mucho con la idea de un Podemos en descomposición, división y ruina que al final acabará dando paso a Sánchez al precio que sea. Pero, mientras el PSOE conserva su base social y nada más, Podemos ha impregnado todas las capas sociales y todas las regiones y se ha convertido en un problema transversal. Podemos se había puesto en vías de adelantar al PSOE, y de hecho únicamente gracias a los votos andaluces el PSOE fue en diciembre mayor que Podemos. Está por ver que, mientras que Iglesias juega fuerte y piensa en el poder en junio o al menos en dominar toda la izquierda desde unas nuevas elecciones, Sánchez no esté pensando sólo en confirmarse a sí mismo como jefe del PSOE o de lo que quede de él.

Iglesias, con o sin acierto, lo que ya se verá, apuesta por seguir pescando en el PSOE, en el desencanto, en el nuevo votante y en el millón de votantes de Izquierda Unida. Y en pura lógica difícilmente será vicepresidente en estas condiciones, o presidente en las que surjan en junio; pero en rigor leninista puede convertirse en líder de la izquierda y puede marcar a ésta su ritmo. Lo que en realidad es su meta.

Con todo esto, entre Rajoy, Soraya y la amplia corte de beneficiados o aspirantes a tales, la mayor preocupación es conservar el control del PP, convertido ya en una máquina de usar voto conservador español para hacer políticas ante todo progres, luego económicas y principalmente conservadoras… de sus carreras políticas. Nadie ha dado dos bofetadas a Pablo Iglesias por decir en los pasillos del Congreso de los Diputados que la libertad de Otegi era "una buena noticia para la democracia". En el siglo XIX se habría hecho, sin duda. Pero claro, aquellos eran liberales.

Mientras tanto, Otegi busca cómo conseguir, desde la legalidad democrática en la que todos lo acogen (quizá los menos cariñosos han sido, explicablemente, los del PNV, que tan bien lo conocen), el control de las instituciones por el MLNV. ¿Para qué? Evidentemente, para obtener lo que ETA siempre ha querido: independencia, socialismo y Navarra, después de la liberación de sus presos. Presos que, como Otegi, no están en la cárcel por sus ideas, sino por sus crímenes cometidos en la construcción de la independencia y del socialismo.

¿Podrá un constructor del socialismo en el Estado español negar su apoyo a un constructor del socialismo en euskalherria? Difícilmente, y más aún si pensamos en su compartido marxismo-leninismo (bueno, con trostkistas y posibilistas trufados, pero en suma el mismo cóctel). ¿Puede Otegi presidir la autonomía vasca en otoño? Sí, con ayuda activa o pasiva de Podemos. ¿Puede Iglesias liderar la izquierda española en verano y quizá el Gobierno? Sí, con la inestimable ayuda de sus torpes o más bien egoístas enemigos oficiales. Por eso, seguramente, será preciso plantearse la aparición de nuevas cartas en esta baraja, más en la sociedad que en el conjunto de partidos. “Suelen invocarse, en debates como éste y en momentos difíciles, los consensos que dicen nuestros políticos que lograron en la Transición. En La Moncloa, Adolfo Suárez cedió ante la izquierda política y sindical en temas esenciales a cambio de una relativa paz social. ¿Fue un acierto? Desde luego la Transición se hizo, pero el contenido de aquel consenso, nacido como concesión temporal, quedó reflejado en Leyes Orgánicas y en la Constitución, de modo que las concesiones se hicieron permanentes y el precio de la paz, o de su simulacro, quizá demasiado alto”. Ahora pagamos, mientras un cambio no nos libere de esta doble amenaza.

Pascual Tamburri

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