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¿Qué le pasa a su alteza real Harry?

El príncipe Harry a su llegada el día de Acción de Gracias a la catedral de San Pablo.

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Desconozco a este personaje de la nobleza británica, empecemos por ahí. No me ha resultado interesante nunca, ni él, ni tampoco su distinguida familia, en donde como ocurre siempre, ya que por muy “realeza” que sean, a la postre no dejan de ser otra cosa que seres humanos, con sangre roja y no azul como todo el mundo, y por ello participan de las mismas “miserias y grandezas” que tenemos el resto.

Sí me ha llamado la atención que algunos colegas, excelentes psiquiatras sin duda, manifiesten ya en los medios de información general que, la conducta de Harry, hijo del hoy Rey de Inglaterra y de la fallecida Lady Diana, se debe, cito literalmente a: “un duelo mal curado que le ha provocado un "resentimiento atroz".

Quizá mis colegas tengan una información de la que yo no dispongo. De no ser así, y si lo único que manejan son los datos extraídos de las entrevistas que han aparecido estos días en algunos medios informativos, me parece un tanto osado, algo aventurado y poco riguroso un comentario de ese calibre, no solo por la observación en sí misma, sino porque dicho titular no lo pregona un periodista, sino que va avalado por profesionales de la salud mental, y por lo tanto se convierte en una impresión diagnostica, que tiene otro calado en la opinión pública.

Esta actuación no me es ajena. Todos los sanitarios que colaboramos con frecuencia con los llamados “masmedia” hemos tenido la ocasión de cometer errores, precipitaciones, indiscreciones, descuidos. En unos casos debidos al escaso tiempo del que se dispone; en otros a los precipitados cambios de “escaleta” propios del medio televisivo; a veces por cierta vanidad y siempre por que no seguimos la sabia recomendación de Copérnico: “di lo que piensas, pero piensa lo que dices”.

Hacer un diagnóstico médico en un medio de comunicación es arriesgado porque no tenemos siempre la debida información, y, también, es a veces peligroso porque podemos incurrir en una transgresión del código deontológico. Pero hacer un diagnóstico psiquiátrico, además de todo lo anterior, puede originar una mácula difícil de superar siempre.

Por lo tanto, cuidado con lo que a veces decimos los profesionales sanitarios en los medios y redes sociales, ya que, en un sano afán divulgador, podemos cometer la torpeza de crear un prejuicio, aumentar un estigma o dañar irreparablemente la dignidad de una persona. Todos lo hemos hecho alguna vez, al menos a un servidor si le ha pasado, entono mi mea culpa.

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