EDITORIAL

La cabeza de Lobato advierte a los críticos del PSOE a las puertas del Congreso Federal

Han aprendido que plegarse a Sánchez no garantiza nada. Vivir de rodillas no parece la receta adecuada, porque al líder del PSOE no le tiembla el pulso a la hora de cortar cabezas

Reyes Maroto, Pedro Sánchez y Juan Lobato

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Juan Lobato ya es historia. Sánchez inclinó el dedo hacia abajo, las hordas se le tiraron al cuello y él no ha podido aguantar la presión y se ha marchado a su casa. La organización para la que trabajaba Lobato, de la que intentó protegerse levantando acta notarial, le ha cortado la cabeza y ahora Sánchez va a exhibirla en una pica a las puertas del Congreso Federal del PSOE en Sevilla, a modo de aviso a los críticos.

La realidad es que el episodio de Lobato ha sido toda una lección para los disidentes del PSOE. Han aprendido que plegarse a Sánchez no garantiza nada. Vivir de rodillas no parece la receta adecuada, porque al líder del PSOE no le tiembla el pulso a la hora de cortar cabezas. Seguramente Lobato se arrepienta ahora de algunas cosas. Por ejemplo, de haber hecho de guardaespaldas de la imputada Begoña Gómez en la Asamblea de Madrid hace unos días.

Así pues, veremos este fin de semana si la cabeza de Lobato sirve para convencer a los rebeldes de que es mejor estarse quieto o si por el contrario les espolea. Si hay que morir es mejor hacerlo de pie. Para eso hace falta mucha valentía, claro. Justo lo que ha faltado a Lobato.

Su error fue pensar que se puede estar al lado de Sánchez sin contagiarse. Es imposible. El líder supremo no sólo exige ser leal sino ser incondicional. Es preciso defender a Begoña Gómez atacando a los jueces, comulgar con la amnistía y tragarse el concierto económico con Cataluña. Todo sin pestañear. Y eso convierte en cómplice al que lo haga.

Lobato ha sido cómplice del sanchismo para nada, para terminar fuera de la política. Los barones socialistas que están señalados, como Luis Tudanca en Castilla y León o Juan Espadas en Andalucía, deberían preguntarse si quieren seguir los pasos del ya ex secretario general del PSOE de Madrid, es decir, sin sillón y con la dignidad y la autoestima por el suelo.