EDITORIAL

Pedro Sánchez y Puigdemont, cuestión de desconfianza

La paradoja es que el mayor desengaño que se ha llevado el prófugo con el líder socialista sido cuando Sánchez realmente ha intentado cumplir lo acordado

Pedro Sánchez y Carles Puigdemont besándose en un grafiti en Barcelona

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Pedro Sánchez y Carles Puigdemont tienen bastantes cosas en común. Ambos creen que el sistema está para buscarle las vueltas en su propio beneficio, es decir son unos trileros políticos. Ninguno de los dos ha demostrado tener demasiados escrúpulos. Y los dos están dispuestos a hacer casi cualquier cosa para conseguir sus objetivos. Por todo ello ninguno se fía del otro, es una cuestión de desconfianza mutua, aunque se necesitan mutuamente.

Por esa razón, por esa dependencia que tienen el uno del otro, Pedro Sánchez ha engañado a Puigdemont muchas veces y Puigdemont se ha dejado engañar. La paradoja es que el mayor desengaño que se ha llevado el prófugo con el líder socialista sido cuando Sánchez realmente ha intentado cumplir lo acordado. Hablamos, claro está de la amnistía. El presidente del Gobierno se dejó muchos pelos en la gatera para aprobarla, pero sus desvelos no han tenido el fruto deseado porque la realidad es que Puigdemont sigue en el extranjero, la amnistía en su caso no ha sido aplicada y si regresa a España teóricamente sería detenido.

Ahora Puigdemont culpa a Sánchez de no apretarle las tuercas al Tribunal Constitucional para que haga algo y la amnistía le pueda beneficiar también a él. Por eso lleva ya muchos meses haciéndole la vida difícil a Sánchez. De manera muy medida, para que no descarrile, se dedica a ponerles palos en las ruedas, a hacerle sufrir y a sudar tinta china cada vez que necesita su apoyo.

Ahí probablemente encaja la moción de confianza a la que Puigdemont quiere empujar a Sánchez. No va a conseguir que se someta a esa votación, pero el simple debate ya fastidia al presidente del Gobierno. Pone en duda que tenga apoyos suficientes en el Congreso para seguir adelante. Si Sánchez se niega le da la razón y si no se niega y acepta someterse a esa cuestión de confianza, corre un serio riesgo de perderla, lo que implicaría una dimisión inmediata. O no, porque hablamos de Sánchez y su forma de actuar no es homologable a la de un presidente del Gobierno normal.

En todo caso, Puigdemont tiene razón: Sánchez no es de fiar. Él tampoco, por supuesto. Son tal para cual. Por eso, cuando se dice que el prófugo chantajea a Sánchez, se falta a la verdad. Pedro Sánchez decidió en plena libertad comprarle sus votos a Puigdemont a cambio de una ley de amnistía inconstitucional. Ese es el camino que ha elegido y sabe que el precio es muy elevado para España y para el interés general, pero asumible para él con tal de seguir en el poder. Ese es el drama.