La obsesión de Sánchez nos cuesta una pasta

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el acto 'España en Libertad'Europa Press

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A lo mejor es algo muy subjetivo, pero tengo la impresión de que los actos que el Gobierno ha programado bajo el título de “España en libertad, 50 años” no están calando como Pedro Sánchez esperaba. Lógico: más del 80% de la población española actual tiene menos de 64 años y, por lo tanto, lo del franquismo le suena más a capítulo caducado que a Historia reciente de España por mucho que el presidente, que tenía tres años cuando murió Franco y, por lo tanto, ningún recuerdo propio de aquella época, se empeñe y, lo que es peor, empeñe un buen pellizco de las arcas públicas, en mantener viva la figura del dictador en una especie de exhumación perpetua.

Las razones de esta obsesión presidencial heredada de Rodríguez Zapatero, se nos siguen escapando. Hay quien cree que es una simple maniobra de distracción, aunque como tal no parece que esté siendo muy efectiva. Hay quien apunta al intento de ligar lo que fue a lo que hay, o lo que es lo mismo, a los actuales partidos de derechas, en una maniobra de desgaste que sí está calando en ciertos sectores de la izquierda a pesar de que la gran mayoría de sus votantes ni estaba ni se le esperaba antes de que llegara la democracia, y por último, están los que piensan que Sánchez odia a Franco porque en el fondo envidia el poder omnímodo que manejaba.

Sea cual sea la causa, lo que sí está claro es que este programa de actos distribuidos a lo largo de todo 2025 y que en su gran mayoría lo único que van a conmemorar es que hace exactamente cincuenta años el dictador todavía estaba vivo, no nos va a cambiar la vida a mejor ni va a resolver ninguno de los muchos problemas reales que tenemos. Muy al contrario, nos va a costar a todos un pastizal absurdo en un momento en el que el horno de la economía de las familias no está para bollos. Y eso, independientemente de la ideología de cada uno, tiene un pase complicado.