Una mujer de negro
Jésica, a su llegada al Tribunal Supremo
En todo caso de corrupción política siempre una imagen es la que queda en la hemeroteca y supone el símbolo de la trama. En el caso Roldán, para los más mayores, siempre nos quedará la imagen del director general de la Guardia Civil en paños menores en una información del diario El Mundo. En los ERES de Andalucía nos viene a la cabeza la imagen del exsindicalista y militante socialista andaluz Juan Lanzas entrando en los Juzgados de Sevilla y la frase de su madre que decía por su pueblo "mi hijo tiene dinero para asar una vaca"; o las fotos de la trama de los socialistas canarios de Tito Berni en la que se muestran casting de mujeres prostituidas para sus fiestas particulares y la famosa frase "tráeme las tres mejores que tengas", como si se trataran de objetos de un escaparate.
Actualmente el símbolo de la trama investigada por el Tribunal Supremo a diversos militantes socialistas como Koldo y Ábalos, por el momento, ha sido la llegada al alto Tribunal de Jésica, mujer seleccionada también en un catálogo para "acompañar" al exministro y mano derecha de Sánchez, toda vestida de negro, como si fuera una de esas viudas hindúes que se dispone a ser quemada en la pira funeraria de su difunto marido.
El atuendo de Jésica es todo un símbolo de lo “negro” que se le está poniendo el futuro judicial a los miembros investigados de la trama, ya que cada declaración aporta mayor oscuridad en el horizonte de la Moncloa y Ferraz. Así, Jésica ha puesto de manifiesto que le pagaban el piso a razón de 2.700 euros al mes, que lo hacía un miembro de la trama, que también la habían contratado en dos empresas públicas y que le dijeron que no hacia falta que acudiera. Es verdad que Jésica no dice explícitamente que el trabajo se lo proporcionó su amigo Ábalos, pero en las conversaciones intervenidas consta como el exministro y ex número dos socialista se interesó para que le renovaran esa “ficticia” relación laboral.
Sin duda los siguientes a ir a declarar serán los responsables de dichas empresas públicas que tendrán que responder de esta contratación. Al parecer este sistema estaba muy extendido en las administraciones gestionadas por el partido socialista, ya que el hermano de Pedro Sánchez tampoco sabía dónde estaba su puesto de trabajo, quiénes eran sus compañeros y cuál era la labor que realizaba. Lo único que tenían claro, tanto Jésica como David Sánchez, es que a primeros de mes cobraban un sueldo público, y que no habían acudido ni un solo día a su puesto de trabajo ya que ni tan siquiera sabían donde estaba situado.
Ante esta situación “negra” el PSOE solo responde con tres palabras: “fango, fachas y bulo”, intentando desviar la atención de la única realidad consistente en que pagar con dinero público puestos de trabajo ficticios en empresas públicas es un delito y que tanto los que pagan como los que reciben el sueldo malversan dinero de todos los ciudadanos, los cuales saben donde está su puesto de trabajo y acuden a él diariamente porque de lo contrario serían despedidos, De lo que no hay duda es que todos los trabajadores pueden responder a la sencilla pregunta sobre el nombre de sus compañeros y cual es su labor diaria. Jésica y David no lo pueden hacer y lo declaran sin que se les caiga la cara de vergüenza, pero claro ambos tenían la certeza que eran intocables, uno por ser hermano y la otra por ser “amiga”, del número uno y del número dos respectivamente.
Estamos en un momento en el que, sin vergüenza alguna, hay socialistas investigados por pagar con dinero público a familiares y “amigas” sin acudir a trabajar, o se quitan las deudas de aquellas comunidades autónomas que utilizaron el dinero público para financiar una actividad delictiva contra la Constitución, como pone de manifiesto la sentencia del Tribunal Supremo sobre el golpe de estado en Cataluña, y encima tenemos que escuchar a los miembros del gobierno decir que tenemos que estar contentos y satisfechos cuando nos han aumentado los impuestos en 97 ocasiones, a lo mejor no haría falta que pagáramos tanto si no existiera Jésica o David.
El color negro de la indumentaria de Jésica en el Supremo, es el símbolo de la trama que afecta al corazón del gobierno de Pedro Sánchez, y todo un reflejo de como está la situación política en España. Pero como decía Leonard Cohen, poeta canadiense, “Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz”, y esa grieta se llama Justicia.