EDITORIAL

La corrupción política de Pedro Sánchez: amnistía e inmigración

Su corrupción política le lleva también a señalar a periodistas críticos y a cuestionar a jueces que persiguen presuntos delitos de su mujer, su hermano, su Gobierno y su partido

Pedro Sánchez, este pasado domingo, en la clausura del congreso del PSOE murciano.EDU BOTELLA

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Hay mil motivos para que Pedro Sánchez dimita. El primero de ellos es su corrupción. Hablamos de una corrupción política sobre la que no hay dudas y una corrupción económica que se está investigando en todo su entorno: su familia, su Gobierno, su partido.

Lo primero de todo es que Sánchez nunca tuvo que llegar a ser investido presidente del Gobierno. Y ahí radican muchos de los males que castigan a España. Ni ganó las elecciones ni existía una mayoría de izquierdas ni era aconsejable para el interés general descansar la gobernabilidad del país en sus enemigos, los separatistas catalanes y vascos .

Para forjar esa mayoría de la investidura, Sánchez tuvo que comprarle los votos a Puigdemont a cambio de una amnistía a todas luces inconstitucional. Es difícil cometer un acto de corrupción política mayor que negociar en el extranjero con un prófugo al que se comprometió a traer ante un juez español y firmar con él un acuerdo de investidura comprándole sus 7 votos con la ley de amnistía.

Así, con las raíces podridas comenzó esta legislatura. Y lo que ha crecido es un modus operandi también podrido, sin principios morales ni escrúpulos. Ahí encaja a la perfección ese pacto también inconstitucional con Junts para ceder a Cataluña las competencias en inmigración. Sigue el mismo patrón: Sánchez necesita votos para permanecer en el poder, sabe de dónde sacarlos y está dispuesto a todo para comprar a Junts unos meses más.

Tanto con la amnistía como con este acuerdo sobre inmigración, Sánchez pretende sobrevivir desde la corrupción política, es decir, aprobando leyes que él mismo decía que eran inconstitucionales, a cambio de votos, a cambio de apoyos.

Su corrupción política le lleva también a señalar a periodistas críticos y a cuestionar a jueces que persiguen presuntos delitos de su mujer, su hermano, su Gobierno y su partido. Y esa falta de escrúpulos le permite promover una ley, la llamada Ley Begoña, que impida que se les investigue y anule los procedimientos abiertos contra ellos en diferentes ámbitos, desde los juzgados de Plaza de Castilla hasta el Tribunal Supremo.

Sánchez es producto de la corrupción política y sin ella él no sería presidente del Gobierno