EDITORIAL

Las cien derrotas que desmontan la excusa de Sánchez con los Presupuestos

Presentarlas y perder la votación no sería una derrota más; sería un golpe mortal que expondría la cruda realidad de la "minoría absoluta" de Sánchez, un Gobierno sostenido por alfileres y pactos frágiles

El secretario general del PSOE y presidente de España, Pedro Sánchez, durante el 13º Congreso del PSN.Eduardo Sanz / Europa Press

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El Gobierno de Pedro Sánchez sumó este miércoles cuatro nuevas derrotas parlamentarias, elevando a más de un centenar las votaciones perdidas en el Congreso desde el inicio de la legislatura. Este récord de fracasos echa por tierra la coartada que el Ejecutivo viene repitiendo para justificar su negativa a presentar los Presupuestos Generales del Estado: que no los llevará a la Cámara Baja hasta contar con apoyos suficientes, porque hacerlo sin esa garantía sería, según ellos, una "pérdida de tiempo" para los diputados.

Si algo prueban estas más de cien votaciones fallidas es que el tiempo parlamentario ya se ha convertido en un escenario habitual de impotencia para Sánchez, incapaz de articular una mayoría estable. Entonces, ¿por qué no presentar las cuentas? Porque no se trata de eficiencia, sino de ocultar la debilidad de un Gobierno que teme un revés definitivo.

La excusa de esperar a tener los apoyos asegurados suena hueca cuando el Ejecutivo ha perdido una y otra vez en el Congreso sin que eso le haya disuadido de seguir adelante con otras iniciativas. Las cuentas públicas, sin embargo, son harina de otro costal.

Presentarlas y perder la votación no sería una derrota más; sería un golpe mortal que expondría la cruda realidad de la "minoría absoluta" de Sánchez, un Gobierno sostenido por alfileres y pactos frágiles que no resisten el peso de una ley tan crucial. Ese fracaso pondría en evidencia que el presidente carece del respaldo necesario para liderar el país y haría casi inevitable la convocatoria de elecciones anticipadas, un escenario que Sánchez quiere evitar a toda costa.

Más allá de las palabras, los hechos hablan claro: la obligación constitucional de presentar los presupuestos anualmente, recogida en el artículo 134 de la Constitución, no depende de cálculos políticos ni de mayorías aseguradas. Es un deber que el Gobierno está eludiendo con una justificación que sus propias derrotas desmienten. Si perder más de cien votaciones no ha sido una "pérdida de tiempo" suficiente para replantearse su estrategia, ¿por qué lo sería someter las cuentas al Congreso? La respuesta es evidente: porque Sánchez sabe que un rechazo a los presupuestos no solo sería un traspié parlamentario, sino la certificación de que su proyecto ha perdido legitimidad.

Mientras el Gobierno acumula fracasos, España sigue sin un plan económico actualizado, atrapada en los presupuestos prorrogados de 2023. La "minoría absoluta" de Sánchez no sólo es incapaz de ganar votaciones; ahora también se parapeta tras excusas para no cumplir con sus responsabilidades básicas. Las más de cien derrotas no son sólo un síntoma de debilidad; son la prueba de que el argumento del Ejecutivo no se sostiene. Si el Congreso no es una pérdida de tiempo para encajar tantos reveses, tampoco lo sería para presentar unas cuentas que, con apoyo o sin él, el Gobierno está obligado a traer. Todo lo demás es una huida hacia adelante de un presidente que prefiere resistir a gobernar.