editorial
Pilar Alegría: intolerables insultos e intolerable su actuación
La salida en tromba del Gobierno y del PSOE para defenderla parece tener un objetivo claro: convertirla en la víctima de esta historia y desviar la atención de su responsabilidad en el caso del Parador de Teruel
Pilar Alegría nerviosa cuando le preguntan por la fiesta de Ábalos en Teruel
Los insultos machistas denunciados por Pilar Alegría, ministra de Educación y portavoz del Gobierno, son absolutamente inaceptables. Llamarla "puta", "zorra" o atacar su vida personal con comentarios degradantes es una muestra de misoginia que no tiene cabida en una sociedad decente. Estos ataques, que ella ha calificado de "repugnantes e intolerables", no solo vulneran su dignidad, sino que reflejan un problema profundo de odio hacia las mujeres en la esfera pública. La condena debe ser unánime, y los responsables, enfrentarse a las consecuencias.
Dicho esto, la salida en tromba del Gobierno y del PSOE para defenderla parece tener un objetivo claro: convertirla en la víctima de esta historia y desviar la atención de su responsabilidad. El caso del Parador de Teruel, donde Alegría estuvo la noche de la presunta fiesta de José Luis Ábalos en plena pandemia, sigue envuelto en sombras. Su reticencia inicial a admitir que durmió allí, seguida de explicaciones vagas, ha alimentado dudas legítimas. Como ministra, tiene el deber de aclarar su papel con transparencia, no de esquivar preguntas ni señalar a los medios que investigan.
La gravedad de los insultos no puede ser un escudo para eludir explicaciones. Los ciudadanos merecen respuestas claras, no maniobras victimistas. Además, hablemos claro sobre el machismo: machismo es contratar prostitutas como quien adquiere mercancía, reduciéndolas a objetos. Y machismo es también encubrirlo, normalizando una cultura que degrada a las mujeres mientras se guarda silencio cómplice. Alegría, como figura pública, no sólo debe condenar los ataques que recibe, sino asumir su responsabilidad en un episodio que dista mucho de estar aclarado.
La política no admite impunidades, ni para los insultos ni para las evasivas. Alegría merece respeto como persona, pero está sujeta al escrutinio como ministra. La verdad y la rendición de cuentas son innegociables, y ella debe responder con la misma contundencia que exige contra quienes la atacan.