Bolaños ante el juez Peinado: la hipocresía del ministro de Justicia
El colmo de su desdén hacia la Justicia lo protagonizó cuando Peinado acudió a tomar declaración a Pedro Sánchez. Según denunció el propio juez, Bolaños orquestó un “numerito” humillante
El ministro de la Presidencia y Justicia, Félix Bolaños
Hoy, Félix Bolaños, ministro de Justicia, declara como testigo ante el juez Juan Carlos Peinado en una investigación que salpica al entorno de Moncloa. El caso, centrado en la contratación de Cristina Álvarez, asesora de Begoña Gómez, por presunta malversación, pone a Bolaños en el foco. Él, con su característica retórica, ha calificado esta citación como “una oportunidad para colaborar con la Justicia”. Sin embargo, sus actos desmienten sus palabras, revelando una actitud de obstrucción y desprecio hacia el proceso judicial.
Bolaños no ha escatimado en críticas veladas contra el juez Peinado, insinuando prevaricación y cuestionando la legitimidad de la investigación. Este comportamiento, lejos de reflejar colaboración, destila un intento de deslegitimar al magistrado. Como ministro de Justicia, su actitud es doblemente grave: debería ser el primero en respetar la independencia judicial, pero prefiere entorpecerla. Su intención inicial de declarar por escrito, una prerrogativa que Peinado le denegó por no aplicarse en este caso, evidencia también su renuencia a enfrentarse al juez cara a cara. Sus palabras de cooperación suenan huecas frente a estas maniobras.
El colmo de su desdén hacia la Justicia lo protagonizó cuando Peinado acudió a tomar declaración a Pedro Sánchez. Según denunció el propio juez, Bolaños orquestó un “numerito” humillante: retuvieron al magistrado en la puerta de Moncloa, con su coche bloqueado, en una espera innecesaria que, según Peinado, puso en riesgo su integridad física. Este episodio no solo es una afrenta personal, sino un ataque al sistema judicial por parte de quien debería ser su máximo defensor.
Bolaños, con su conducta, no solo traiciona los principios de su cargo, sino que erosiona la confianza en las instituciones. Su declaración hoy no será una muestra de colaboración, sino una nueva oportunidad para medir su incoherencia.