la mirilla
Feijóo se examina en julio
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo
Pues sí, finalmente Alberto Núñez Feijóo ha pulsado el botón y ha convocado el Congreso Nacional del PP. Han ganado las voces que claman —cada vez más alto y más dentro— que el centroderecha no despega ni con el viento de cola que le regalan los desmanes de Pedro Sánchez. Génova se ha convertido en una cámara revuelta donde se busca más quién falla que cómo acertar.
De aquí a julio, el PP va a parecer más un plató de Operación Triunfo que una maquinaria electoral. Habrá paseíllo de caras, codazos en los pasillos y mucha sonrisa ensayada. No es para menos: un partido que hace nada presumía de fidelidades enormes —más del 90% de su electorado era leal y aseguraba volvería a votarle— ha visto cómo ese suelo se desmorona hasta un preocupante 66%. Y eso, con el sanchismo implosionando entre amnistías, corrupciones, incompetencias y cesiones, no es un mal menor. Es una alarma roja.
Vivimos tiempos donde pesan más los liderazgos que los partidos. La gente vota caras, no siglas. Y ahí es donde Feijóo ha pasado de promesa a incógnita. Llegó para gobernar y, pese a ganar, se quedó sin la Moncloa. La oposición se le ha atragantado como un hueso duro. Demasiadas voces internas —de esas que conocen bien los pasillos nobles de Génova— critican que su equipo no da una. Que está plagado de profesionales del aparato, expertos en sobrevivir… pero no en ganar.
Y ojo: ese equipo no cayó del cielo. Lo eligió él. Así que no vale lavarse las manos. Núñez Feijóo es tan responsable del bajón como de la alegría que acompañó su llegada. Ahora no hay margen para más errores. Porque sí, todo apunta a que el PP ganará las próximas generales. Pero la cuestión ya no es ganar. Es si lo hará con las manos libres… o esposado a VOX y a un Santi Abascal crecido.
Este congreso puede ser el trampolín que active a un partido desorientado. O puede convertirse en la enésima torpeza de un líder al que le va quedando menos crédito por gastar. El tiempo, como siempre, pondrá las urnas y las respuestas.
A.M. BEAUMONT