El negocio de dejarte a ciegas

Evgen_Prozhyrko

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Ya se nos ha olvidado, pero hubo un tiempo en el que un país entero, el nuestro, se quedó a oscuras. ¿Y qué pasa después? ¿Una disculpa, un descuento, un vale para linternas? No: ¡una subida en la factura de la luz! porque, al parecer, la lógica es esta: si te quedas sin servicio, te lo cobramos más caro.

Es como si un restaurante te cobrara el doble por un plato vacío. Y tú, como buen ciudadano, lo pagas, claro. Porque si protestas, eres un antisistema, un conspiranoico, o peor aún, alguien que lee la letra pequeña del contrato.

El gran apagón sigue sin justificación: primero se sembró la duda de un ataque de los hackers malos. Después, que si un quítame allá de un exceso de energías limpias y un quítame acá de nucleares en retroceso, y más tarde… el silencio absoluto, un borrón y cuenta nueva, un aquí no ha pasado nada. Y justo cuando pensabas que no podían tomarte más el pelo, llega la compañía eléctrica de turno con una sonrisa de dientes afilados y te dice: "Va a subir un poquito el recibo, por mantenimiento... de tu paciencia".

Y, en lugar de rebelarnos, tragamos, compramos velas, paneles solares, generadores chinos que hacen más ruido que un estadio lleno de hooligans. Pero eso sí, pagamos religiosamente la factura. Con rabia, con resignación y con la esperanza de que el próximo apagón dure lo justo para no ver el cobro del siguiente.

¿Conclusión? Nos están cobrando por estar a oscuras. Y ni siquiera nos invitan a una cena romántica. Ni una vela perfumada, ni un vinito. Solo silencio, oscuridad... y una subida del casi 11% en el recibo de este mes. Flipante