editorial
Feijóo mete presión a los socios de Sánchez ante la corrupción y Yolanda Díaz marca distancias
Si Sánchez está envuelto en escándalos de corrupción, quienes lo sostienen en el poder se convierten, por acción u omisión, en cómplices de un Ejecutivo bajo sospecha
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, interviene durante una manifestación del PP en la Puerta de Alcalá.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, ha elevado la presión sobre los socios de Pedro Sánchez con una estrategia tan audaz como calculada. Más allá de convocar una manifestación masiva contra la corrupción que salpica al Gobierno y al PSOE, Feijóo ha dado un paso táctico al instar a los aliados de Sánchez a respaldar una moción de censura. No se trata de una expectativa realista, pues sabe que partidos como ERC, Bildu o PNV difícilmente darán ese paso. Su objetivo es otro: poner el foco sobre ellos y obligarles a retratarse. Si Sánchez está envuelto en escándalos de corrupción, quienes lo sostienen en el poder se convierten, por acción u omisión, en cómplices de un Ejecutivo bajo sospecha. Feijóo coloca la pelota en su tejado, forzándolos a justificar su apoyo a un presidente cada vez más cuestionado.
Esta maniobra no solo busca desgastar a Sánchez, sino también exponer las contradicciones de sus socios, que se enfrentan a un dilema: seguir respaldando al PSOE a riesgo de manchar su imagen o desmarcarse para salvar su credibilidad. Algunos ya perciben el peligro de quedarse en un barco que hace aguas. Yolanda Díaz, líder de Sumar y vicepresidenta segunda, ha sido la primera en mover ficha. Sus declaraciones públicas, calificando los escándalos de “gravísimos”, son un intento claro de marcar distancias con Sánchez. Consciente de que la deriva del PSOE puede arrastrarla consigo, Díaz busca despegarsi de la sombra de la corrupción, consciente de que su proyecto político podría naufragar si no actúa con rapidez.
Feijóo, con esta jugada, no solo capitaliza el descontento social, sino que siembra la duda entre los socios de Sánchez, debilitando la coalición de Gobierno. La corrupción, convertida en arma política, amenaza con resquebrajar aún más un Ejecutivo que depende de alianzas frágiles. Mientras, Díaz y otros aliados empiezan a mirar la salida de emergencia, temiendo que el sanchismo, si se hunde, no les arrastre al fondo.