“Democracia o mafia”: no es una consigna exagerada

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez FeijóoKike Rincon

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Algunos se escandalizaron al oírlo. “Democracia o mafia”. Así resumió Alberto Núñez Feijóo el momento político que atraviesa España y con esa consigna ha convocado la gran concentración del 8 de julio en Madrid. No es una sobreactuación. Es una alarma. Y lo que ha pasado esta semana lo demuestra de forma espeluznante.

Audios filtrados han revelado el intento de una “fontanera” ligada al tres socialista, Santos Cerdán, de recabar información “sucia” sobre altos mandos de la UCO, la unidad de la Guardia Civil que investiga la corrupción que salpica al entorno de Pedro Sánchez. A su esposa. A su hermano. Al Gobierno.

Y mientras tanto, el aparato mediático del sanchismo, con sus terminales bien engrasadas, se lanzaba a desacreditar a fiscales, jueces y periodistas incómodos. El patrón se repite: neutraliza, ensucia, domestica. Da igual si el objetivo es un mando policial, un fiscal que no traga o un medio que publica lo que no gusta. El Estado como arma. El poder como escudo. Lo último del bulo de la bomba lapa contra el presidente, propagado por tres ministros, es de aurora boreal.

Aquí no hay una simple defensa a ultranza de la legislatura. Hay una estructura de poder que actúa como una red clientelar, que presiona, infiltra y amenaza con la impunidad que recuerda más a una organización paralela que a un gobierno constitucional. Por eso lo de mafia. Porque cuando el poder actúa fuera de los cauces institucionales, no hay otro nombre posible.

No se trata ya del caso Koldo o Ábalos. Ni de la amnistía. Ni siquiera de la colonización del CIS o RTVE y otras muchas instituciones que deben ser de todos. Es algo más profundo. La sensación de que el sanchismo ya no respeta ninguna barrera moral si eso le garantiza resistir en el poder.

Y eso sí es una emergencia democrática. Por eso Feijóo ha dado el paso que muchos esperaban desde hace meses: salir del Congreso, salir de la rueda, salir del protocolo. Y llamar a los ciudadanos. A todos los que sienten que se ha cruzado una línea que no se puede tolerar.

No es una protesta más. No es una pancarta de partido. De hecho no habrá siglas. Es un aldabonazo ético. La respuesta al deterioro del sistema. Una afirmación de que, aunque el Parlamento esté bloqueado por los socios de Sánchez, la dignidad democrática encuentra la voz en la calle.

Y que nadie se engañe: no hay exageración en el lema.

Cuando un poder político quiere desactivar a quien lo investiga, cuando presiona a fiscales, cuando infiltra al Estado con operadores sin escrúpulos, cuando manipula la ley como si fuera maleable… eso no es democracia. Eso es mafia.

A.M. BEAUMONT